ISSN: 2542-3134 | Depósito legal: DC2017000086
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Fotografía: Cortesía de la Fundación Modesta Bor

Dosier: Modesta Bor

Geraldine Henríquez Bilbao

Modesta Bor y Beatriz Bilbao: Biografías en Contrapunto

Introito

Siempre es oportuno rendir homenaje a Modesta Bor[1]Juangriego, 1926-Mérida, 1998. Maestra Compositora y Profesora Ejecutante de Piano, Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, 1959 / Conservatorio Tchaikovski de Moscú, 1962., aunque este nunca sea suficiente para valorarla en su justa medida, pues en quienes le conocimos dejó perenne y único legado de sabiduría, arte, musicalidad y sensibilidad. A su país de origen, Venezuela, consagró su producción musical y su labor de investigación; al mundo musical, en su devenir histórico-socio-cultural, dejó su huella inédita, conjugando personalidad y creación artística en cada obra, en cada lección, en cada uno de sus encuentros musicales por el camino de la vida.

En esta oportunidad nos hemos planteado mostrar una semblanza de esta insigne compositora a partir de las experiencias compartidas con una de sus discípulas y amigas: Beatriz Bilbao[2]Caracas, 1951. Directora Coral, Movimiento Coral Cantemos, Fundación Schola Cantorum de Caracas, Consejo Nacional de la Cultura, 1976. Compositora, Escuela de Música Juan Manuel Olivares / Escuela de Música José Lorenzo Llamozas (1976) / Universidad de Indiana (1981).. En el texto que se presenta a continuación se mostrará, a partir de los resultados de una serie de entrevistas realizadas a la profesora Bilbao sobre la maestra Modesta Bor y en el marco de un proceso de investigación participativa y evolutiva, una biografía en contrapunto, donde se podrá observar cómo cada una de sus protagonistas fue impactada dialécticamente y de manera significativa en la ruta de una vida compartida que ha sido la música.

«La posibilidad de expresar estas palabras en homenaje a Modesta Bor, una de las compositoras venezolanas más ilustres del siglo XX, representa para mí más que un honor […] es una forma de agradecimiento por todo lo que significó la vida y obra de la gran Modesta, como se le llamó siempre.» Así se inicia una de las entrevistas realizadas a la compositora venezolana Beatriz Bilbao (2016), quien conversa mostrando una leve sonrisa y una postura erguida, como disponiéndose a comunicar los mensajes de trascendencia que efectivamente compartirá.

 

Obertura a dos biografías

Ante la pregunta: «¿Qué pensamientos, ideas, sentimientos, evoca para usted el recuerdo de Modesta Bor?», Bilbao responde:

Modesta Bor, la pianista, la compositora, la directora coral […] la mujer imponente y sensible a la vez, natural de Juangriego, isla de Margarita, fue una destacada investigadora musicológica y educadora por naturaleza, quien procuró a cada paso sembrar con perfecta armonía, disciplina y creatividad, la música y la poesía, en la vida artística de niños, niñas, jóvenes, adultos, con la visión de desarrollar el espíritu desde la tierra viva, a través de las acciones sublimes que la música conlleva en su esencia, mostrando, genuina y claramente, la conjunción entre rigor técnico y libertad expresiva (2013).

Esta introducción de las ideas de Bilbao sobre su maestra ya resultan esclarecedoras pues, ciertamente, margariteña como era, Modesta Bor revelaba mágica y espontáneamente su pensamiento naturalista, herencia ancestral guaiquerí, esculpido por la corriente nacionalista, con una marcada conciencia social, en conjunción maravillosa con el talento, la disciplina y los aprendizajes musicales, elementos multiétnicos y experienciales que formaron su existencia.

Parte de la vasta y diversa producción de Modesta Bor se inserta dentro de la denominada «escuela nacionalista», impulsada por el maestro Vicente Emilio Sojo, quien instituyó varias gemas generacionales de compositores venezolanos. Entre los primeros cronológicamente se encuentran Antonio Estévez, Evencio Castellanos, Ángel Sauce, Antonio Lauro, Gonzalo Castellanos y también paisanos margariteños de la talla de Inocente Carreño y Rafael Suárez, quienes formaron parte de la llamada Escuela de Santa Capilla o Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, nombre con el que se mantiene hoy día[3]El maestro Vicente Emilio Sojo fue el padre de la llamada escuela o movimiento musical nacionalista. Fundador de la Escuela de Santa Capilla, luego Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, a partir de 1923. Se estrena con la primera promoción de egresados como maestros compositores que integran Antonio Estévez, Ángel Sauce y Evencio Castellanos, prosiguiendo –en cohortes sucesivas– con Antonio Lauro, Inocente Carreño, Gonzalo Castellanos, Carlos Figueredo, Moisés Moleiro, Eduardo Plaza, Blanca Estrella de Méscoli, Modesta Bor, Nelly Mele-Lara, José Antonio Abreu, Ana Mercedes Asuaje de Rugeles, María Luisa Escobar, Raimundo Pereira, Luis Felipe Ramón y Rivera, Leopoldo Billings, Primo Casale, Antonio José Ramos, Andrés Sandoval, Federico Ruiz, Juan Carlos Núñez, Luis Morales Bance, Francisco Rodrigo, entre otros (Rugeles, 2003). . Según Bilbao: «El maestro Sojo vio en Modesta Bor una inteligencia musical excepcional, impartiéndole con gran esmero sus enseñanzas en la Escuela Lamas» (2015)[4]En 1953, el maestro Sojo le asigna a Modesta Bor la musicalización de un poema de Federico García Lorca y al regresar esta la tarea, Sojo le solicita que lo arregle para coro mixto. Esa pieza, llamada Balada de la luna, fue estrenada por el Orfeón Lamas ese mismo año. Bor recibe su diploma como Maestro Compositor de las manos del maestro Sojo en 1959, con la obra Suite para Orquesta de Cámara, que es estrenada el año de su graduación por la Orquesta Sinfónica Venezuela, bajo la dirección de Antonio Estévez (Parra, 2010). . Más adelante, puntualiza Bilbao:

Eso es sabido por los textos escritos, pero también por los relatos de aquel grupo, que se hacía más extenso cada vez, de músicos adheridos al movimiento musical nacionalista de vanguardia. La maestra Bor en algún momento de mis estudios musicales le sugirió a mi mamá que me inscribiera en la Escuela de Santa Capilla… (2015).

Pero ¿cómo se encontraron en el camino de la música Modesta Bor y Beatriz Bilbao? Así nos narra su experiencia Beatriz Bilbao:

…la veía, la admiraba desde la puerta de vidrio del salón de ensayos del Coro Infantil de la Escuela de Música Juan Manuel Olivares. Mi hermana menor, María Eugenia, cantaba ahí. Con increíble destreza sonaban las tres voces, tan definidas y afinadas, producto de un trabajo fuerte y diáfano. Niños y niñas, alborotados y vivaces, se divertían al cantar bajo su dirección. Ella tenía un estilo particular de controlar la disciplina, con música. Era un coro de cien niños y niñas, aproximadamente, que ensayaban divididos en grupos. El segundo grupo se amontonaba en la puerta, aguardando impaciente la entrada salvaje y triunfal a su ensayo. Modesta Bor fue siempre dedicada, íntegra, dando todo por todo, desde su aura de música y sangre. Elevada, hidalga, andaba en sus pasos fortalecidos por la voluntad de seguir vital en su concentrada cadena de eventos retadores que ponían a prueba su infinito don de dar y seguir dando, escribir y estimular los talentos de tantos jóvenes que nos apoyábamos en su místico amor por la humanidad (2014).

«Beatricita», como era llamada Beatriz Bilbao por sus primeros docentes, a sus siete años de edad es reconocida por las maestras de Segundo Grado de Primaria de la Escuela Gran Colombia (Caracas, 1959) como una niña a quien «le gusta mucho bailar, cantar y recitar; con un oído musical prodigioso lleva el compás con exactitud» (maestra Graciela de García, 1959), por estas razones les recomiendan a sus padres, Beatriz Tirado de Bilbao y Pedro Bilbao, que estimulen su talento llevándole a estudiar música (escritos de las docentes a los padres de Beatriz Bilbao, Archivos de la familia Bilbao-Tirado).

Así, Beatriz Bilbao comienza sus estudios formales de música a los ocho años de edad, recibiendo clases particulares de piano y lectura musical con la profesora Isabel de Rivas. Un año después es inscrita en la Escuela de Música Juan Manuel Olivares, donde recibe clases de teoría y solfeo con la profesora Ana Mercedes Asuaje de Rugeles, y de piano con la profesora Gerty Haas, cuyas discípulas avanzadas le asistían en la instrucción de quienes se iniciaban en el estudio de ese instrumento, por lo cual Bilbao también recibió clases con algunas de ellas, como Mariela Valladares, Valentina Tejera, Gina Balbi e Ingrid Hernández, destacándose desde sus primeras lecciones por su singular sentido musical (boletines de promoción de primer y segundo años de Teoría y Solfeo y Piano, 1962-1965, Archivos de la familia Bilbao-Tirado).

En el año 1965 se lleva a cabo, en Caracas, el Primer Festival Artístico Liceísta, cuyo concierto inaugural estuvo a cargo de estudiantes destacados de las escuelas de música José Ángel Lamas y Juan Manuel Olivares. En este evento musical confluyeron los directores de ambas escuelas: los maestros Vicente Emilio Sojo y Gonzalo Castellanos, respectivamente. Como presagiando el destino, la apertura fue conducida por Modesta Bor y su Coro Infantil, para luego dar paso a los alumnos y alumnas de piano seleccionados para participar en el festival. En una reseña publicada en el diario El  Nacional de Caracas, comenta Peña:

…el Coro Infantil, dirigido por la competente profesora Modesta Bor interpretó con ingenuo encanto y perfecta afinación su repertorio […] En cuanto a las demás ejecuciones, creemos de justicia mencionar solo aquellas que merecieron en verdad el aplauso entusiasta del numeroso público allí presente. La niña Beatriz Bilbao, alumna que cursa segundo año de piano bajo la dirección de la profesora Ingrid Hernández, lució una genuina musicalidad en «Siete canciones infantiles venezolanas», arregladas para piano por Flor de Estévez (1965).

ilustración no 1

Beatriz Bilbao en la entrada del Auditorio del Ministerio de Educación,

lugar donde se desarrolló el Primer Festival Artístico Liceísta, Caracas, 1965

Fuente: Archivos de la familia Bilbao-Tirado.

La Escuela de Música Juan Manuel Olivares fue, entonces, el punto de encuentro entre Bor y Bilbao, el inicio de un camino que las llevó posteriormente a una relación maestra-discípula en los ámbitos de la música, los vínculos familiares, las identificaciones, las realidades existenciales, signada por la solidaridad, el amor universal y la entrega a la música.

Ya alcanzando su adolescencia, la familia y diversos maestros/as de música se preguntan cuál sería la orientación más idónea de lo que ya era la carrera musical de Beatriz Bilbao. Varias fueron las opciones: la profesora Haas la recibiría como alumna destacada; aunque muy poco tiempo después, la profesora Judith Jaimes, pianista cuya carrera se encontraba en la cúspide del éxito, fue designada institucionalmente como su nueva maestra de piano.

Un par de años pasaron y Beatriz Bilbao, a sus diecisiete años de edad, se encuentra en una encrucijada musical. Modesta Bor recomienda a la familia Bilbao-Tirado que inscriban a Beatriz en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas para que inicie una nueva etapa de su instrucción musical. Dicha sugerencia fue guiada por la identificación y el respeto que por la Escuela Lamas, institución donde ella misma se formó bajo la tutela del maestro Sojo, sentía Bor:

Modesta Bor siempre admiró con justicia, respetó con consideración y manifestó gran estima por Sojo y por sus compañeros de la Escuela de Santa Capilla, pese a las diferencias que había. Hay un sello sonoro en los estudiantes de dirección y composición del maestro Sojo, característico, a pesar de la diversidad propia de cada uno de sus discípulos: es un color propio de la Escuela Lamas. En el caso de Modesta Bor, su obra ha sido producto de su personalidad, de su inteligencia privilegiada, de sus experiencias de vida rodeada de músicos, poetas, cultores, artistas… y de su disciplina que era parte de su cotidianidad. Cada mañana se sentaba a componer, arreglar, crear, hablar o escribir música o sobre la música. Esa rutina la llevó a tener la autoconciencia de ser música. Ella fue, en todo sentido, excepcional, pues era bondadosa como persona, generosa en sus lecciones, estimulante como ejemplo de vida. Un ser musical, un irrepetible personaje de la historia musical de Venezuela. Por esas razones, mi mamá tomó la sugerencia de Modesta y me inscribió en la Escuela de Superior de Música (Bilbao, 2016).

De este modo, Beatriz Bilbao inicia un breve pero intenso período de formación en la Escuela José Ángel Lamas, donde cursa estudios de Armonía y Piano; estos últimos con el maestro Evencio Castellanos, mientras esperaba la asignación del profesor que la acogiera como tutor para el instrumento. Sin embargo, Bilbao ya manifestaba su tendencia versátil para la creación y la diversidad sonora que la ha caracterizado como compositora y mostraba interés por el jazz, el rock & roll, la música espiritual y por otros géneros y formas denominadas «populares», lo cual no era bien apreciado en la Escuela Superior de Música.

Evencio Castellanos me decía que allí, en ese claustro musical, no se tocaba música popular. Llegué a preguntarme por qué Modesta Bor recomendó que estudiara en Santa Capilla. Luego entendí que su intención fue que adquiriera un nivel superior de instrucción musical y de contacto directo con el medio cultural nacionalista. Y eso fue definitivamente lo que logré en la Lamas, una experiencia de aprendizaje superior y nacionalista (Bilbao, 2016).

 

Transcurriendo este período en la Escuela de Santa Capilla, Bilbao inicia clases particulares de jazz –piano y armonía– con el profesor Gerry Weil, y comienza a desarrollar sistemáticamente su vida religiosa, con la guía de su maestro espiritual Juan Víctor Mejías (Gran Fraternidad Universal), realizando simultáneamente estudios de metafísica, yoga y a emplear la música con fines de elevación espiritual, explorando así el complejo mundo musical de tendencias y orígenes distintos al nacionalismo venezolano y a la música académica europea, aunque sin excluirlos.

En su adultez temprana, Beatriz Bilbao se une en pareja con el técnico de sonido y bajista Rafael Henríquez, dando a luz en 1972 a su única hija, a la vez que va focalizando sus estudios en la composición y en el ámbito coral, cada vez con más ahínco.

 

Entrecruzamiento y desarrollo de rutas biográficas musicales

En 1973, el maestro Alberto Grau funda el Movimiento Coral Cantemos con el fin de impulsar un sistema complejo de desarrollo de la música coral que incluía la creación de agrupaciones corales y la formación de coralistas y directores corales de alto nivel[5]En el año 1974, el Movimiento Coral Cantemos centra su objetivo en estimular la formación de corales, motivar económicamente a jóvenes directores a través de becas trabajo, apoyar integralmente a corales «desasistidas» y organizar encuentros musicales que incluyeran cantos comunes entre corales (Rugeles, 2003; Cabrera, 2009). . Bilbao relata:

…en 1973, en la Escuela de Música José Lorenzo Llamozas se establece la Cátedra de Contrapunto y Composición, facilitada por Modesta Bor, para estudiantes del Diplomado en Dirección Coral, creado por el maestro Alberto Grau. Formé parte del privilegiado grupo de jóvenes músicos de esa cátedra y fue en esas entretenidas e interesantes clases donde conocí a Violeta Lárez, talentosísima y laboriosa como pocas, y compartí más cercanamente con Mariela Pérez Loreto, Teresa Jaén, Isabel Palacios y Dalia Riazuelo, todas compañeras de estudio. Cada una es hoy día un valor nacional de amplia trayectoria (2015).

Esta cátedra y todo el proceso de formación musical que acompañó ese período definitivamente marcaron un hito en la carrera musical de Beatriz Bilbao, pues se estableció un vínculo muy cercano, profesional y personalmente, con su maestra de Composición, Modesta Bor, así como con su maestro de Dirección Coral, Alberto Grau, egresando en 1976 como parte de la primera promoción de directores corales de Venezuela, junto con sus compañeros Teresa Jaén y Alfredo Rugeles.

Dice Bilbao que

…comenzó a gestarse un vínculo didáctico muy especial que nació de la fuerza de la bondad de Modesta. Ella estimulaba nuestros talentos y eso nos fortalecía y nos comprometía a ser cada vez más estudiosas y creativas. En esas clases era gentil, simpática, jocosa, a la vez que exigente, disciplinada y normativa (2015).

De este modo se daba paso a un momento de gran relevancia y significación en la historia musical venezolana que ha dado frutos hasta el presente. Se inició con el nacimiento de la Schola Cantorum de Caracas, el Movimiento Coral Cantemos y los estudios de dirección coral bajo la gestión fundante del maestro Alberto Grau y el grupo de músicos que fueron uniéndose a este macrosistema coral.

En resumen, el plan de estudios constaba de las clases de dirección coral con Alberto Grau, la Cátedra de Composición con Modesta Bor, tener un coro asignado –ya de escuelas o empresas– como director o directora, y otro coro profesional, en calidad de subdirector o subdirectora[6]Alberto Grau impartía las asignaturas denominadas Principio de Fenomenología e Interpretación, Técnicas del Gesto y Expresión del Director y Arreglos Corales. Simultáneamente se dictaban las clases de Composición, ya con Modesta Bor o Yannis Ioannidis. Entre los documentos presentados ante los profesores y jurados para egresar como directores corales se requerían varios arreglos corales y una composición coral original (Rugeles, 2003; Delpretti, 1976). . Para alcanzar la diplomatura había también que realizar un trabajo escrito, preparar una carpeta con varios requerimientos musicales y presentar el o los coros en el concierto que se realizarían en el Teatro Municipal de Caracas, el 25 de junio de 1976 (Bilbao, 2016).

ilustración no 2

Portada e introducción del Programa del Concierto de Grado

de la Primera Promoción de la Cátedra de Dirección Coral, 1976

 

Fuente: Archivos de la familia Bilbao-Tirado.

Con entusiasmo rememora Bilbao:

…a mí me fue encargada la creación y dirección del coro del Instituto Nacional de la Vivienda (Inavi), habiendo paralelamente asumido la subdirección del Coro de Cámara de Caracas, dirigido por el maestro Felipe Izcaray. Pedro Bilbao, mi padre, hombre de una musicalidad innata y maravilloso oído musical, me dijo estas palabras: «A ese coro tienes que ponerle Coral del Inavi Modesta Bor, porque ella es un talento mundial a quien hay que darle su justo valor». Y así fue.

Luego nos comenta: «Ese Coro fue una muy grata experiencia, estaba constituido por empleados motivados hacia el canto coral y cantantes populares que ascendieron a más de sesenta personas y se estrenaron en escena en el entonces Congreso Nacional».

ilustración no 3

Primeros conciertos de la Coral Inavi (1976).

Al centro Modesta Bor y Beatriz Bilbao

Fuente: Archivos de la familia Bilbao-Tirado.

Aquel 25 de junio de 1976, en un concierto, llamado por Eduardo Lira «El Batutazo» dada la relevancia que tuvo para la historia de la música coral en Venezuela, los tres noveles graduandos de dirección coral presentaron y dirigieron sus repertorios. Como jurados e invitados especiales se encontraban algunos de los más destacados músicos académicos del momento: Vinicio Adames, Inocente Carreño, Ángel Sauce, Felipe Izcaray y Antonio Estévez, igualmente asistían como autoridades del Consejo Nacional de la Cultura, organismo coauspiciante, los maestros José Antonio Abreu y José Vicente Torres (Delpretti, 1976).

ilustración no 4

Los tres graduandos de la primera promoción de directores corales del Movimiento Coral Cantemos (Teresa Jaén, Beatriz Bilbao y Alfredo Rugeles)

fuente: Programa de mano del Concierto de Grado, 1976. Archivos de la familia Bilbao-Tirado.

Era un momento de abundante producción musical en el país y el continente latinoamericano en general (Tello, 2011), y como en todos los gremios, se establecieron competitividades y críticas procedentes de distintas aristas, ramas, personalidades, de las cuales Modesta Bor también fue objeto.

Le criticaban que hacía música popular, pero ella respondía con una obra sinfónica como Genocidio[7]El poema sinfónico Genocidio se escribe en 1970, representa una de las principales obras del atonalismo de Bor (Parra, 2010). Cabe destacar que es cuestionado el empleo del término atonalismo para esta y otras obras de similar forma, pues, en todo caso, se trataba de recursos de un nuevo discurso musical que muchos creadores de la época experimentaban en sus composiciones (Saavedra, 2015). ; comentaban que no sabía hacer música con series dodecafónicas y se dedicó a crear su obra coral Manchas sonoras, además, en honor a la Schola Cantorum de Caracas[8]En Modesta Bor se presenta el estilo denominado nacionalismo figurativo en su tríptico Manchas sonoras, en donde combina onomatopeyas sobre armonías complejas y uso de la atonalidad, en un discurso musical contemporáneo, a la vez que introduce elementos del folklore venezolano (Parra, 2010). , combatía la rivalidad profesional con soluciones musicales. Fue en ese concierto de graduación de la primera generación de directores corales del Movimiento Coral Cantemos que se estrenó Manchas sonoras y cada uno de nosotros, que estábamos optando a la diplomatura, debíamos montar con nuestro coro uno de sus movimientos, una de las Manchas sonoras, con la Schola Cantorum de Caracas. A Teresa Jaén le correspondió la primera, «Planos de luz»; a mí la segunda, «Requiebros»; y a Alfredo Rugeles la última, «Esguinces rítmicos» (Bilbao, 2016).

Ya graduada de directora coral, Beatriz Bilbao es becada por el gobierno de la República Socialista de Rumania para continuar estudios de piano y dirección orquestal en el Conservatorio George Dhima Cluj Napôca, donde tuvo como maestros a Graziella Georgia y Emil Simon, respectivamente. Se traslada a este país en el mismo año 1976, dejando a su familia en Venezuela para buscar en otras fronteras la profundización y especialización de su carrera musical. Pero poco tiempo después, su padre Pedro Bilbao cae enfermo y fallece en 1977. Beatriz regresa a Venezuela, en el tránsito del duelo por la muerte de su padre y también por el de su ruptura sentimental con el cantante Carlos Mata, con quien estuvo unida durante su formación como directora coral. Modesta Bor fue un apoyo fundamental para Beatriz Bilbao en ese momento. Quizá por haber pasado por situaciones similares en su juventud, surgieron identificaciones mutuas y las bases de una amistad que ya se forjaba perpetua.

Cabe recordar que en 1960, Modesta Bor audicionó para el maestro Aram Jachaturián, con la interpretación a dúo la Sonata para viola y piano de su autoría: ella cantando la voz de viola y Jachaturián al piano. En esa ocasión, el maestro, lleno de satisfacción por hallar un talento tan especial, le ofreció la posibilidad de estudiar con él (en calidad de becada) en el Conservatorio Tchaikovski de Moscú. Bor pasó dos años estudiando en este conservatorio, tiempo durante el cual debió dejar a Domingo Sánchez Piconne, su esposo, a cargo de sus pequeños hijos Domingo, Liliana y Lena en Venezuela. A su regreso tuvo que enfrentar la ruptura conyugal y asumir la enfermedad que limitó la motricidad en sus extremidades, con sus múltiples consecuencias, nuevos retos vitales que afrontó con entereza sin igual[9]En 1951, antes de presentar su concierto de grado como Profesora Ejecutante de Piano, desarrolla el Síndrome de Guillain-Barré o poliradiculoneuritis (Alfonzo y López, 1998; Parra, 2010), lo cual afectó considerablemente su movilidad en las extremidades superiores e inferiores y le impidió ofrecer su recital, limitando su carrera como ejecutante del piano. Fue al regresar de Moscú cuando le otorgaron el título de Profesora Ejecutante de Piano, a instancias de la profesora Elena de Arrarte (Fundación Modesta Bor). . Así lo expresa conmovida Beatriz Bilbao:

Entre nosotras hubo sintonía, entusiasmo y apoyo para levantarnos ante las múltiples vicisitudes. Modesta tenía una fuerza, una energía, una voluntad increíbles, y eso me animaba a salir adelante e intentar superar las pruebas. Fue maestra en todo sentido, pues era un ser iniciado, en la música y como persona total. En ella, el sacrificio y el dolor parecían fortalecerla, contraponiendo el drama de la vida con poesía e ímpetu vital (2016).

 

Modesta Bor establece luego una unión de pareja con el poeta Fernando Rodríguez Beitia, quien se convirtió en el padre de Modesta Yamila, «la Curruca», su hija menor. Musicalizó muchos de los poemas de Fernando, convirtiendo en música y poesía su amor. De alguna manera, Beatriz Bilbao procuró lo mismo durante su vida en pareja.

 

Armonía, contrapunto y fuga en una obra inédita

Le preguntamos a Beatriz Bilbao cómo definiría la música de Modesta Bor y nos respondió de este modo:

Yo siento que su música tiene la fuerza de su ser. Estructuralmente es sólida, clara, en su forma, en la elección y desarrollo de motivos, en su discurso musical […] es una gran armonizadora y orquestadora; es impresionante cómo hace cantar a los instrumentos y las voces. En cada obra se puede apreciar cómo nace, se desarrolla y cierra, en un equilibrio magistral entre los elementos que constituyen la forma, en perfecta ilación entre las partes. Es producto de un genio intelectual e intuitivo (Bilbao, 2016).

¿Y a Modesta Bor, la persona?

Nobleza y complejidad en su sencillez. Muchos han tenido la idea de Modesta Bor como una mujer llana y sencilla, humilde, de carácter fuerte pero jovial. Quizá dio muchas veces esa imagen a los otros. Pero era una mujer compleja y profunda, muy crítica, aguda, con interés en la búsqueda de la verdad y la trascendencia de las cosas en la vida. De alta sensibilidad social; pícara, jocosa, de una belleza singular. Con motivación hacia la política y la historia, pero no la política partidista, sino aquella cuya base son los temas socioculturales de todos los tiempos y espacios. Sus amistades fueron personas vinculadas a las artes, la poesía y la cultura en su sentido más amplio. Le tocó afrontar situaciones muy duras: necesidades económicas, enfermedad, duelos, discriminación por género[10]Comenta Domingo Sánchez Bor que su madre fue la primera mujer latinoamericana en egresar con estudios de posgrado del Conservatorio Tchaikovski de Moscú (según expone Beatriz Bilbao, 2013). Tal hecho representó una paradoja en la vida de Modesta Bor, inmersa en una sociedad patriarcal que privilegiaba al género masculino sobre el femenino en la asignación de roles sociales vinculados al oficio y la profesión, especialmente en la composición musical. , por sus ideas sociopolíticas[11]En 1960, Modesta Bor viaja a Copenhague, Dinamarca, donde asiste a un Congreso Internacional de Jóvenes Comunistas, representando al Partido Comunista de Venezuela (PCV), del cual formaba parte desde su juventud (Parra, 2010); ello pudiera explicar por qué en múltiples ocasiones fuera excluida de procesos y oportunidades profesionales o socioeconómicas durante los períodos gubernamentales de 1958-1998. Asimismo, se dice que por su contenido político, de crítica social, su obra Genocidio no recibió el Premio Nacional de Música Sinfónica de 1971, aunque fue estrenada públicamente y grabada posteriormente (ULA, 2012). , y siempre me parecía que su nobleza crecía con cada dificultad afrontada y superada. Ella misma narraba sus dificultades y los aprendizajes que de ellas obtenía. Su intachable ética era un signo vital en Modesta (Bilbao, 2016).

Las familias Bilbao y Bor permanecieron unidas en la música y en los afectos sublimes y sinceros. Los padres de Beatriz Bilbao, Pedro y Beatriz; Isabel Leandro, la madre de Modesta Bor; los hijos e hijas de ambas y los hermanos y hermanas han entretejido lazos eternos que solo el tiempo, la distancia, las idas y vueltas, dirán si han de debilitarse o fortalecerse en el camino de la música.

ilustración no 5

Beatriz Bilbao y Domingo Sánchez Bor, Nueva York, 1979.

Residencia de Marisol Bilbao (hermana mayor de Beatriz) y Rubén Núñez

Fuente: Archivos de la familia Bilbao-Tirado

ilustración no 6

Geraldine y Yamila, hijas de Beatriz y Modesta respectivamente.

La Trinidad, Caracas, 1976

fuente: Archivos de la familia Bilbao-Tirado.

Coda

A través de correos electrónicos entre Lena Sánchez Bor (tercera hija de Modesta) y Beatriz Bilbao (2013) se presentan a continuación relatos de gran interés, escritos por Lena, que representan las confesiones de una hija que experimenta una profunda admiración por su madre[12]Reproducimos estas comunicaciones con la autorización de Lena Sánchez y Beatriz Bilbao.

Ya jubilada del último cargo público, en 1990, Modesta Bor decide mudarse a Mérida, donde yo estaba residenciada desde hacía tiempo. Mamá estuvo interesada en impartir clases en la Universidad de Los Andes (ULA); sin embargo, no se concretó esta aspiración, pues la directora de Cultura de entonces, en el año 1989, le solicitó el curriculum vitae y mamá se molestó mucho, así que pidió prestado un salón en la Escuela de Música de la ULA y comenzó a dar clases allí AD HONOREM. En casa creo que más o menos empezó a dar clases como en 1995.

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Ella era bastante rigurosa con sus alumnos más talentosos. Tú, Beatriz, debiste conocer esa faceta mejor que yo, pero a la vez era muy solidaria, los ayudaba incluso económicamente. Era humanitaria en general; creo que vivir el sufrimiento en carne propia la hizo muy cálida, aparte de que siempre fue bastante hermosa. Acá en Mérida sus discípulos, que yo recuerde, fueron José Geraldo Arrieche, Argenis Rivera, Pedro Simón Rincón, Gilberto Rebolledo… Vinieron muchos a querer estudiar con ella, pero ella me decía: «Uummm… por sus bajos os reconoceréis», parafraseando «por sus obras os reconoceréis, por sus frutos los reconocerán»[13]Mateo 7: 15-20..

 

* * *

Para dar las clases acá en Mérida, mamá mandó a hacer un banco de plaza. Pienso que le traía recuerdos de la plaza Arismendi de Juangriego. Tenía un cuaderno para anotar las tareas que le mandaba a los estudiantes y los avances o las cosas que no cumplían. Ella lo llamaba «el Libro Negro». Nadie se imaginaba que en aquel cuaderno, cuya portada tenía una foto de una linda muñeca estilo «Barbie», se escondían todos los comentarios. Era demasiado astuta, ingeniosa.

 

* * *

De joven tocaba el órgano en la Iglesia de Juangriego. Es decir, le gustaba colaborar con lo que sabía. No se limitaba intelectualmente, aunque físicamente sí, por las secuelas de esa cruenta enfermedad que la postró en una silla de ruedas por un tiempo.

 

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Estando en Mérida ella organizaba su tiempo muy bien para escribir y disfrutar de tomar el sol en el patio. Allí aún hay una piedra que forma parte de la construcción de la casa y ella la llamaba «la piedra de los sacrificios». El dueño anterior le hizo como un murito alrededor. Se ponía su traje de baño y se sentaba a tomar sol; pienso que extrañaba mucho su tierra natal. Disfrutó enormemente de su nieta Wahari, mi hija. Salían al centro de Mérida, compraban churros y se instalaban en un banco de la plaza Bolívar a comérselos. Ella jugaba con Waha, mientras yo me dediqué a mi Maestría en la ULA por dos años y medio. Los fines de semana yo salía con Wahari a pasear en el carro y ella se quedaba haciendo sus cosas […] y todos los domingos nos invitaba a comer donde los chinos de la avenida Universidad en Mérida. Le encantaba la comida china. Y le encantaba tejer: portavasos, agarraollas, tapetes, siempre con colores muy alegres y a veces con el círculo cromático. A Wahari le tejió zapaticos y luego, al ingresar a clases de ballet, le tejió moñeras y mallitas para sostener el moño de bailarina. Además, cocinaba muy bien; nos dividíamos la labor culinaria, tres días ella y tres días yo. Desafortunadamente, Liliana, mi hermana, se fue, y eso le produjo un gran dolor.

 

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Fue una madre ejemplar, solidaria, muy moderna para su época. Yo tuve las llaves de mi casa desde los trece años; jamás tuve que pedirle permiso para nada, ella confiaba plenamente en mí. Gracias a Dios, siempre la aconsejaba, buscando sacarla de sus tristezas, ella siempre me consideró como el pilar de la casa. Un día me dijo: «Qué bueno tener una hija como tú». Estas palabras son un tesoro que guardo cuidadosa y amorosamente.

 

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A veces pienso que la defraudé cuando me retiré de la música, pues Ángel Sauce, que era mi profesor de Armonía, le dijo que de los tres hermanos que éramos entonces, yo sería la compositora. Por ello le he pedido perdón a Dios y a su espíritu.

 

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Le daba mucha risa la idiosincrasia de la gente de Los Andes, en contraste con el estilo margariteño. De todo sacaba un chiste, era característico en ella. En un restaurante, creo que hindú, servían una especie de pan con la comida que se llama chapati, se parece a una arepa de trigo. Pues ella se dedicó a llamar al mesonero: «¡Epa, chapati!, tráeme esto, esto otro». Nosotras hasta le decíamos: «¡Mamá, ya!», pero ella, como una niña, se reía más y más.

 

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Tenía muchos refranes, de ella y de la abuela Isabel. Decía, por ejemplo, que las viejas en Margarita, cuando les preguntaban sobre amores, decían: «¡Ay no, mijiita!, ya yo quedé pa’ los rincones». Ella contaba que se iba con mi abuela y las mujeres de la familia al cine de mi abuelo Armando (Manduca) y como mi abuela era costurera, se iban con un cuaderno a ver las películas de Ingrid Bergman y copiaban los modelos de los vestidos para después hacerlos igualitos.

 

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Antes, en su casa de Caracas, y luego en Mérida, siempre la visitaba la gente del Orfeón Universitario y otros coros. Ella les cocinaba y les hacía marcalibros con papel de música y una frase de cualquiera de sus canciones… ¡Eran unas reuniones apoteósicas! En diciembre sacábamos «La Parranda de Modesta», con Raúl Estévez y Zoila de Estévez, Gilberto y otros músicos muy chéveres. En realidad comenzamos Gilberto y yo; pronto ella se unió. Mamá tocaba el tambor, improvisando golpes buenísimos. Íbamos de casa en casa y aterrizábamos en casa de Raúl en El Vallecito. En una ocasión, Zoila nos mostró un sembradío de chayotas en el patio y nos dijo que estaba desesperada, que ya no hallaba qué más hacer, que había hecho todas las recetas con las benditas chayotas. Allí sacamos «La Parranda de la Chayota», cuya partitura original tiene Raúl Estévez en su casa en El Vallecito.

 

* * *

A Wahari le compuso varias melodías. Era muy tierna como abuela, pienso que fue su oportunidad de oro el poder disfrutar la niñez de su nieta, en vista de que no pudo disfrutar los dos años cuando éramos pequeños y ella partiera a Rusia […] También cuando viajaba a Caracas y se quedaba con mi hermano Domingo, disfrutó a Camila, mi sobrina.

 

In Memoriam Modesta Bor

Beatriz Bilbao compuso en 2010 la obra coral titulada In Memoriam Modesta Bor, la cual ha recibido varios galardones: el Premio del Concurso Coral Modesta Bor del año 2010, creado para la celebración de los 65 años de la fundación del Orfeón Universitario de la ULA; la selección para la representación de Venezuela ante la Sociedad Internacional de Música Contemporánea en 2012, siendo electa para su estreno mundial en el Festival Días Mundiales de la Música 2014 (World Music Days 2014) que se realizó en la ciudad de Breslavia, Polonia.

ilustración no 7

Programa del Festival World Music Days 2014, donde se estrenó

la obra In Memoriam Modesta Bor, de Beatriz Bilbao

fuente: Archivo personal de Beatriz Bilbao.

«Para la escogencia de los textos se pensó en el libro Manuelico Núñez. Un personaje margariteño, del poeta y escritor Francisco Lárez Granados, editado en Juangriego, estado Nueva Esparta, en 1966. Modesta Bor musicalizó varios de sus poemas y ambos fueron grandes amigos», expresa Bilbao (2013).

Otra parte de las letras corresponde al poeta costumbrista Manuel Núñez González, por último, Beatriz Bilbao compuso un verso original:

Modesta Bor es la gloria

cantamos a su memoria

margariteña de sangre

merideña la creadora.

En esta ciudad bonita

Mérida bella, se encontraba su terruño

componiendo a toda hora

hasta su último arrullo.

 

En la obra están presentes algunos fragmentos clave de producciones de Bor: las Manchas sonoras para coro mixto a capella, específicamente «Requiebros»; asimismo aparece el polo margariteño, arreglado por Modesta y entremezclado con armonías disonantes que Bilbao agregó. En este sentido, Beatriz Bilbao comenta:

Tomé también la dedicatoria que aparece en las Variaciones para piano sobre un tema para Wahari, pieza que me obsequió Modesta, dedicada a su nieta Wahari y escrita en Mérida en 1994. En ese fragmento de mi trabajo se reflejan la fuerza de la raza negra que súbitamente toma su esencia de la pureza y ternura más genuina y maternal (2015).

ilustración no 8

Primera parte de la obra In Memoriam Modesta Bor

Fuente: Archivo personal de Beatriz Bilbao.

Fine

He sido parte de una investigación que recoge dos historias de vidas dedicadas al sendero de la música. Beatriz Bilbao me enseñó mis primeros pentagramas, mis primeras notas y figuras, los primeros cantos corales y la armonía con cifrado… Modesta Bor me enseñó cómo cantar en 5/8, el olor del arte condensado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela[14]A su regreso de Moscú, Modesta Bor estuvo a cargo del Coro Infantil de la Escuela de Música Juan Manuel Olivares, así como de la Coral de la Cantv y el Grupo Vocal Arpegio; fue directora del Departamento de Musicología en el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, realizando innumerables recopilaciones, transcripciones, armonizaciones, arreglos de material folklórico y tradicional. En 1974, Bor recibe la Jefatura del Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la UCV, desde donde supo recibir propuestas de interés sociocultural y extender las fronteras hacia otras culturas menos conocidas del país y de Latinoamérica. En 1991 le es otorgado el Premio Nacional de Música (Conac), máxima distinción al gremio musical otorgada por el Estado venezolano. Tal galardón fue acordado por decisión unánime del jurado compuesto por Ángel Sauce, María Guinand, José Francisco del Castillo y Gonzalo Castellanos (El Nacional, Caracas, 1991; Carrillo, 2010; ULA, 2012). ; me mostró lo que es una tertulia musical, en conversaciones en casa de su mamá en el sector El Cementerio (Caracas), mientras se mecía tejiendo o leyendo en voz alta alguna partitura o texto… Me enseñó que la risa es un medio para alcanzar mejores momentos, y que se puede aplaudir «en clave» para animar al resto del público. Visitar a Modesta, ir con ella y Beatriz a algún concierto o velada, percibir la música junto a ellas, jugar con «la Curruca» durante mi infancia, sentir la energía y vitalidad de Modesta, su jovial profundidad, esperar un chiste oriental bien contado por algún integrante de la familia Bor, comer las deliciosas empanaditas de cazón hechas por Modesta y anticipar con emocionante convicción algún momento musical para tocar, cantar con ellas, con sus hijos, con alegría, con creatividad (por ejemplo, improvisando cantos, haciendo segundas voces, acompañando con percusión, Domingo tocando el cuatro como chelo y viceversa), son vivencias de imborrables huellas. Y, muy especialmente, Modesta y Beatriz me han dado la mejor lección: que somos esencialmente música y existencialmente músicos. Como lo expresa la propia Beatriz Bilbao: «Ha sido un verdadero honor compartir con cada una y uno de ustedes, estos relatos, muchos desconocidos y tan significativos… ¡La Gran Modesta, siempre viva y que suene su música!» (Bilbao, 2016).

 

ilustración no 9

Manuscrito de pieza base para improvisación «A Modesta Bor»

compuesta por Beatriz Bilbao

Fuente: Archivo personal de Beatriz Bilbao.

Fuentes

Primarias

 

De Archivos personales

Archivos de la familia Bilbao-Tirado.

Archivos personales de Beatriz Bilbao.

 

Entrevistas y comunicaciones personales

Comunicaciones por correo electrónico entre Lena Sánchez Bor y Beatriz Bilbao, en ocasión del Concierto Homenaje a Modesta Bor organizado por Unearte, 2013.

Entrevistas en profundidad con carácter biográfico sobre la vinculación maestra Modesta Bor-discípula Beatriz Bilbao, realizadas a la profesora Beatriz Bilbao entre los años 2013 y 2016.

 

Secundarias

 

Bibliográficas

Alfonzo. M. y O. López (1998). «Modesta Bor», en J. Peñín y W. Guido (dirs). Enciclopedia de la música en Venezuela. Caracas: Fundación Bigott, pp. 210-213.

Grau, A. (2005). Dirección coral, la forja del director. Caracas: GGM Ed., S.C.

Iudem/Conac (2002). IV Festival del Instituto Universitario de Estudios Musicales. En homenaje al legado académico del maestro V. E. Sojo, mayo-julio. Caracas: Iudem/Conac, edición especial.

Sangiorgi, F. (1991). «Biografía y Catálogo de obras», en M. Bor: Cuatro fugas para piano. Caracas: Fundación Vicente Emilio Sojo.

Tello, A. (2011). «La música en Latinoamérica, del siglo XX hasta nuestros días», en R. Miranda y A. Tello. La música en Latinoamérica. Mercedes de Vega (coord.). México: Secretaría de Relaciones Exteriores.

Universidad de Los Andes (ULA) (2012). Obra coral original de Modesta Bor. Mérida: Talleres Gráficos Universitarios.

Vallés, M. (1999). Técnicas cualitativas de investigación social. Reflexiones metodológicas y práctica profesional. Madrid: Síntesis.

 

Hemerográficas

Delpretti, E. (1976). «Hoy se gradúa la primera promoción de directores corales en Venezuela», diario El Nacional, Caracas, Cuerpo C, Página de Arte, 25 de enero de 1976.

El Nacional (Diario), Caracas, Cuerpo C, Página de Arte. Reseña del Premio Nacional de Música 1991.

Lira, E. (1976). «Promoción Coral», en «Música», diario El Nacional, Caracas, 25 de junio de 1976.

Peña, I. (1965). «Reseña: Concierto de Alumnos», diario El Nacional, Caracas, Página de Cultura, 8 de junio de 1965.

 

Tesis de Grado y otros trabajos no publicados

Cabrera, G. (2009). El Proyecto Schola Cantorum de Caracas, ¿nuevo paradigma en el movimiento coral venezolano? Un análisis de su concepción y desarrollo hasta su triunfo en Arezzo (1967-1974). Trabajo de grado para optar al título de Licenciado en Artes, Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educación, Escuela de Artes. Material mimeografiado no publicado.

Henríquez, G. (2014). Notas en Plumilla Parte 2. Nacionalismo criollo contemporáneo o «Somos así». Ideas musicales tertuliadas a distancia con Oscar Battaglini Suniaga. Material mimeografiado no publicado.

Izcaray, F. (1996). The Legacy of Vicente Emilio Sojo: Nationalism in Twentieth-Century Venezuelan Orchestral Music. Tesis Doctoral publicada, University of Wisconsin, Madison. Michigan: Bell & Howell Information Company.

 

Digitales

Carrillo, C. A. (2010). La vida con Modesta (blog en línea), disponible en https://musicarrillo.com/2010/05/09/la-vida-con-modesta-i/

Fundación Modesta Bor (2012). Página web en línea, disponible en http://www.gratisweb.com/modestabor

Guinand, M. (2012). Obra de Beatriz Bilbao elegida para participar en el World Music Days en Polonia 2014 (blog en línea), disponible en http://mariaguinand.blogspot.com/2012/11/obra-de-beatriz-bilbao-elegida-para.html

Parra, C. (2010). «Tendencias musicales en el nacionalismo venezolano desde la música coral de Modesta Bor» (documento en línea), Revista de Investigación, vol. 34, nº 69, versión ISSN 1010-2914, Universidad Pedagógica Experimental Libertador / Instituto Pedagógico de Caracas, disponible en http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1010-29142010000100006

Rugeles, A. (2003). La creación musical en Venezuela (documento en línea), disponible en https://www.latinoamerica-musica.net/historia/rug-creacion.html

Saavedra, R. (2015). Paul Hindemith y Modesta Bor: La extensión de la tonalidad en la armonía del siglo XX. Una educación universitaria de calidad (documento en línea), Universidad de Los Andes, disponible en http://www.academia.edu/19070757/Paul_Hindemith_y_Modesta_Bor_la_extensi%C3%B3n_de_la_tonalidad_en_la_armon%C3%ADa_del_siglo_XX

 

 

Notas al pie   [ + ]

1. Juangriego, 1926-Mérida, 1998. Maestra Compositora y Profesora Ejecutante de Piano, Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, 1959 / Conservatorio Tchaikovski de Moscú, 1962.
2. Caracas, 1951. Directora Coral, Movimiento Coral Cantemos, Fundación Schola Cantorum de Caracas, Consejo Nacional de la Cultura, 1976. Compositora, Escuela de Música Juan Manuel Olivares / Escuela de Música José Lorenzo Llamozas (1976) / Universidad de Indiana (1981).
3. El maestro Vicente Emilio Sojo fue el padre de la llamada escuela o movimiento musical nacionalista. Fundador de la Escuela de Santa Capilla, luego Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, a partir de 1923. Se estrena con la primera promoción de egresados como maestros compositores que integran Antonio Estévez, Ángel Sauce y Evencio Castellanos, prosiguiendo –en cohortes sucesivas– con Antonio Lauro, Inocente Carreño, Gonzalo Castellanos, Carlos Figueredo, Moisés Moleiro, Eduardo Plaza, Blanca Estrella de Méscoli, Modesta Bor, Nelly Mele-Lara, José Antonio Abreu, Ana Mercedes Asuaje de Rugeles, María Luisa Escobar, Raimundo Pereira, Luis Felipe Ramón y Rivera, Leopoldo Billings, Primo Casale, Antonio José Ramos, Andrés Sandoval, Federico Ruiz, Juan Carlos Núñez, Luis Morales Bance, Francisco Rodrigo, entre otros (Rugeles, 2003).
4. En 1953, el maestro Sojo le asigna a Modesta Bor la musicalización de un poema de Federico García Lorca y al regresar esta la tarea, Sojo le solicita que lo arregle para coro mixto. Esa pieza, llamada Balada de la luna, fue estrenada por el Orfeón Lamas ese mismo año. Bor recibe su diploma como Maestro Compositor de las manos del maestro Sojo en 1959, con la obra Suite para Orquesta de Cámara, que es estrenada el año de su graduación por la Orquesta Sinfónica Venezuela, bajo la dirección de Antonio Estévez (Parra, 2010).
5. En el año 1974, el Movimiento Coral Cantemos centra su objetivo en estimular la formación de corales, motivar económicamente a jóvenes directores a través de becas trabajo, apoyar integralmente a corales «desasistidas» y organizar encuentros musicales que incluyeran cantos comunes entre corales (Rugeles, 2003; Cabrera, 2009).
6. Alberto Grau impartía las asignaturas denominadas Principio de Fenomenología e Interpretación, Técnicas del Gesto y Expresión del Director y Arreglos Corales. Simultáneamente se dictaban las clases de Composición, ya con Modesta Bor o Yannis Ioannidis. Entre los documentos presentados ante los profesores y jurados para egresar como directores corales se requerían varios arreglos corales y una composición coral original (Rugeles, 2003; Delpretti, 1976).
7. El poema sinfónico Genocidio se escribe en 1970, representa una de las principales obras del atonalismo de Bor (Parra, 2010). Cabe destacar que es cuestionado el empleo del término atonalismo para esta y otras obras de similar forma, pues, en todo caso, se trataba de recursos de un nuevo discurso musical que muchos creadores de la época experimentaban en sus composiciones (Saavedra, 2015).
8. En Modesta Bor se presenta el estilo denominado nacionalismo figurativo en su tríptico Manchas sonoras, en donde combina onomatopeyas sobre armonías complejas y uso de la atonalidad, en un discurso musical contemporáneo, a la vez que introduce elementos del folklore venezolano (Parra, 2010).
9. En 1951, antes de presentar su concierto de grado como Profesora Ejecutante de Piano, desarrolla el Síndrome de Guillain-Barré o poliradiculoneuritis (Alfonzo y López, 1998; Parra, 2010), lo cual afectó considerablemente su movilidad en las extremidades superiores e inferiores y le impidió ofrecer su recital, limitando su carrera como ejecutante del piano. Fue al regresar de Moscú cuando le otorgaron el título de Profesora Ejecutante de Piano, a instancias de la profesora Elena de Arrarte (Fundación Modesta Bor).
10. Comenta Domingo Sánchez Bor que su madre fue la primera mujer latinoamericana en egresar con estudios de posgrado del Conservatorio Tchaikovski de Moscú (según expone Beatriz Bilbao, 2013). Tal hecho representó una paradoja en la vida de Modesta Bor, inmersa en una sociedad patriarcal que privilegiaba al género masculino sobre el femenino en la asignación de roles sociales vinculados al oficio y la profesión, especialmente en la composición musical.
11. En 1960, Modesta Bor viaja a Copenhague, Dinamarca, donde asiste a un Congreso Internacional de Jóvenes Comunistas, representando al Partido Comunista de Venezuela (PCV), del cual formaba parte desde su juventud (Parra, 2010); ello pudiera explicar por qué en múltiples ocasiones fuera excluida de procesos y oportunidades profesionales o socioeconómicas durante los períodos gubernamentales de 1958-1998. Asimismo, se dice que por su contenido político, de crítica social, su obra Genocidio no recibió el Premio Nacional de Música Sinfónica de 1971, aunque fue estrenada públicamente y grabada posteriormente (ULA, 2012).
12. Reproducimos estas comunicaciones con la autorización de Lena Sánchez y Beatriz Bilbao.
13. Mateo 7: 15-20.
14. A su regreso de Moscú, Modesta Bor estuvo a cargo del Coro Infantil de la Escuela de Música Juan Manuel Olivares, así como de la Coral de la Cantv y el Grupo Vocal Arpegio; fue directora del Departamento de Musicología en el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, realizando innumerables recopilaciones, transcripciones, armonizaciones, arreglos de material folklórico y tradicional. En 1974, Bor recibe la Jefatura del Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la UCV, desde donde supo recibir propuestas de interés sociocultural y extender las fronteras hacia otras culturas menos conocidas del país y de Latinoamérica. En 1991 le es otorgado el Premio Nacional de Música (Conac), máxima distinción al gremio musical otorgada por el Estado venezolano. Tal galardón fue acordado por decisión unánime del jurado compuesto por Ángel Sauce, María Guinand, José Francisco del Castillo y Gonzalo Castellanos (El Nacional, Caracas, 1991; Carrillo, 2010; ULA, 2012).

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