ISSN: 2542-3134 | Depósito legal: DC2017000086
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Fotografía: Mayrim Moreno

«Gloria al bravo pueblo»: un enigma, una polémica en el tiempo

  • Ignacio Andrés Barreto Esnal
  • Venezuela
  • Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y Servicios de Biblioteca
  • ignacio.barreto@gmail.com

Egresado de la Escuela Superior de Música y Arte Dramático de Viena en las especialidades de Guitarra y Pedagogía Musical. Cursó estudios de Musicología en la Universidad de Viena. En 1991 ingresa como investigador musical de la Biblioteca Nacional de Venezuela. En dicha institución se desempeñó como jefe de la Colección de Sonido y Cine y director titular del Archivo Audiovisual de Venezuela. Entre 2008 y 2010 fue director general de la Biblioteca Nacional. Desde 2011 hasta 2016 fue director ejecutivo de la Fundación Vicente Emilio Sojo. Actualmente es profesor de Historia Crítica de la Música en la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte).

Resumen

Este ensayo combina, a través de un recorrido cronológico, un estudio comparativo de las distintas versiones, manuscritas y editadas, de la canción «Gloria al bravo pueblo», Himno Nacional de Venezuela, con las diferentes posturas que han surgido, a lo largo de un siglo, en relación con el autor de esta obra, en un intento por acercarnos a su verdadera identidad. Se agregan a los planteamientos presentados, nuestras propias conclusiones a partir de la ubicación de una edición de 1872, y de un manuscrito para banda de 1870 que no fueron considerados por los protagonistas de la polémica.

Palabras clave

Himno Nacional, Venezuela, Juan José Landaeta, Lino Gallardo, historia.

«Gloria al bravo pueblo»: A puzzle, a controversy over time

Abstract

This assay combines, through a chronological journey, a comparative study of the different versions, handwritten and edited, song «Gloria al bravo pueblo», National Anthem of Venezuela, with the different positions that have emerged along a century, in relation to the author of this work, in an attempt to get closer to his true identity. Adding to the previous statements, our own conclusions from the location of an edition of 1872, and a manuscript for band 1870 that were not considered by the protagonists of the controversy.

Keywords

National Anthem, Venezuela, Juan Jose Landaeta, Lino Gallardo, History.

El que nace en Venezuela

ya lo vamos preparando

al decir venezolano

ya lo dice uno cantando.

El secreto, compañero,

es algo muy personal:

que arrullamos a los niños

con el Himno Nacional.

Conny Méndez, Venezuela habla cantando

El presente trabajo pretende exponer las diversas posturas que han surgido a lo largo de los años en relación con los autores de nuestro Himno Nacional, la canción «Gloria al bravo pueblo», la cual ha sido tema de estudios con posiciones encontradas cuyos principales protagonistas son, a su vez, destacadas figuras de la música en Venezuela: Salvador Narciso Llamozas (1854-1940), José Antonio Calcaño (1900-1978), Juan Bautista Plaza (1898-1965), Alberto Calzavara (1944-1988) y Luis Felipe Ramón y Rivera (1913-1993).

Cada uno de ellos se enfrentó a fuentes que han sido, de alguna manera, determinantes para la elaboración de sus conclusiones, razón por la cual creemos que las referidas fuentes merecen un espacio para un análisis comparativo basado en los elementos concordantes, las diferencias esenciales, época, lugar y responsables de cada redacción o edición –dependiendo de si se trata de un manuscrito o una publicación– pues, sin duda alguna son estas, sumadas a los argumentos conservados de la tradición familiar de Lino Gallardo, las piezas imprescindibles para armar ese fascinante rompecabezas impregnado de misterios con el que se enriquece, aún más, la historia y legitimación de este símbolo patrio.

Herramienta fundamental para la estructura de este trabajo fue, concretamente, la extraordinaria «Cronología» elaborada por Alberto Calzavara e incluida en su obra fundamental de 1987, Historia de la música en Venezuela: Período hispánico con referencias al teatro y la danza, una referencia obligatoria para ubicar las fuentes documentales que hemos intentado organizar, comentar y complementar aquí con otros documentos a los que, debido a su muerte prematura en 1988, no llegó a tener acceso este insigne investigador.

En ese sentido, hemos agregado a los planteamientos esgrimidos por estos investigadores, nuestras propias conclusiones a partir de la ubicación, por un lado, de una publicación que se encontraba extraviada cuando Calzavara acometió su investigación (la edición de 1872) y de un manuscrito para banda elaborado por José Ángel Montero aproximadamente en 1870, y del que no hacen referencia ninguno de los autores mencionados. Ambos documentos se encuentran resguardados en la Biblioteca Nacional y llamaron mi atención en el año 2003, durante la realización de un inventario que levanté en torno a las fuentes para el estudio del Himno Nacional. Antes de ese año, en 1996, había salido a la luz pública, a través de la prensa nacional, la existencia de un segundo juego del manuscrito para banda, en manos de particulares, con un dato determinante en la parte de clarinete, que también comentaremos.

Cabe agregar, sin embargo, que este trabajo, en estrecha concordancia con la polémica de la que nace su escritura, centrará su atención en las claves que posibilitan la construcción de un argumento con cierto grado de contundencia para precisar la identidad del autor –¿O podemos adelantarnos a decir, de los autores?– de la música de nuestro Himno Nacional.

El origen

Para precisar la época y circunstancia de creación del «Gloria al bravo pueblo» todos los autores se han referido, primeramente, al testimonio del funcionario realista Vicente Basadre, según el cual la obra fue concebida durante los días inmediatos al 19 de abril de 1810. Basadre, apresado en esas circunstancias y repatriado a España en los días subsiguientes, escribió un informe, fechado en Cádiz el 4 de julio de 1810, en el que, haciendo clara alusión a la canción, afirmaba lo siguiente: «Pero lo más escandaloso fue en las canciones alegóricas que compusieron e imprimieron de su independencia. Convidaban a toda la América española, para hacer causa común y que tomasen a los caraqueños como modelo para dirigir revoluciones»[1]Archivo de Indias, «Relato del intendente de Exercito y Real Hacienda al Supremo Ministro de Hacienda».

También existe un comentario hecho por uno de los protagonistas de la revuelta, el canónigo José Cortés de Madariaga, en su Diario y observaciones, en el cual relata, para el día 18 de junio de 1811, que durante su viaje de regreso a Caracas, desde Bogotá y a lo largo del río Meta, contaba, entre sus compañeros de viaje, con un músico, sobre quien escribe:

 …su inclinación lo obligó a tomar la flauta para ejecutar la canción de Caracas, Gloria al bravo pueblo, etc… y al resonar el suave instrumento unieron sus voces los que sabían la letra e hicieron sentir los ecos de la libertad a los bogas, interrumpiéndoles por largo intervalo que continuasen su ejercicio y produciendo en mi corazón emociones tiernas (Calcaño, 1958: 168-169).

De este relato podemos inferir que, ya en junio de 1811, esta canción era harto conocida en el virreinato de la Nueva Granada.

Otro argumento importante para ubicar esta obra en los días sucesivos al cabildo abierto de aquel histórico 19 de abril en el cual se desconoció la autoridad de José Bonaparte, en defensa de los derechos de Fernando VII, es, sin lugar a dudas, la letra original de la canción que hace referencia directa a los hechos[2]Esta letra fue publicada en el periódico El Federalista, Caracas, el 18 de abril de 1868 y también en la edición de 1874, encartada en el semanario El Americano del que haremos referencias más adelante.. Específicamente la estrofa que reza:

Pensaba en su trono

Que el ardid ganó

Darnos duras leyes

El usurpador

Previó sus cautelas

Nuestro corazón

Y a su inicuo fraude

Opuso su valor.

Es lógico pensar que la identidad de los autores de este documento subversivo haya quedado protegida durante los años de la insurrección. Es preciso acotar que Lino Gallardo (circa 1773-1837), junto a Carlos Alva, había sido identificado como partícipe activo de la revolución, mientras que, por su parte, Juan José Landaeta (1780-1812), aparece, de acuerdo con el compositor José María Isaza, como autor de la obra Gloria americanos, escrita para la Instalación del Primer Congreso de 1811[3]Existe un manuscrito de dicha obra en el Fondo de la Escuela de Música José Ángel Lamas, resguardado en la Biblioteca Nacional de Venezuela en cuya portada se lee: «Gloria Americanos:  La canción de la instalación del Primer Congreso de Venezuela. En 1828 recordada por Isaza y compuesta por Juan José Landaeta en 1811». Un fragmento de esta obra fue utilizado por Juan Bautista Plaza para compararla con el «Gloria al bravo pueblo« hallando coincidencias melódicas. . Por su parte, Juan Vicente González, en su biografía de José Félix Ribas, publicada en 1865, escribe:

Nosotros nos complacemos en esos días de regocijo y esperanzas, de música guerrera e interminables fiestas, en que transportes de alegría cubrían la agitación de la plaza pública y saludaban a los magistrados nuevos, y en que cada noche la dulce melancólica voz de Carreño animaba los sublimes versos de Bello, y el inspirado Gallardo hacía resonar las calles con la Marsellesa venezolana (en Llamozas, 1911: s.p.).

Aunque ya para 1840 el periódico caraqueño El Liberal identificaba al «Gloria al bravo pueblo» como la «Marsellesa venezolana»[4]Al respecto dice: «a la marcha se siguió nuestra Marsellesa, es decir, Gloria al Bravo Pueblo… »., comentando un festejo a José Antonio Páez, es probable que en este párrafo el autor haga alusión, por un lado, a la canción patriótica «Caraqueños, otra época empieza», con letra de Andrés Bello (1781-1865) y música de Cayetano Carreño (1774-1836). Y, por otra parte, también se ha especulado, que González cree ver en Gallardo al autor del Himno, aunque podría tratarse, tal como lo asevera Salvador Narciso Llamozas en su edición de 1911, que: «En cuanto a las alusiones del Señor González respecto de Gallardo, parece más bien referirse al director de la orquesta que al compositor» (Llamozas, 1911: s.p).

En la misma obra se lee: «Vicente Salias improvisó el Viva el Bravo Pueblo». Pero no nos adelantemos en el tiempo y mantengámonos en el estricto orden cronológico con el que queremos presentar cada una de las fuentes.

Las fuentes

En la Biblioteca Nacional de Venezuela se conserva un manuscrito de esta canción patriótica, sobre el cual, de acuerdo con el tipo de papel y la caligrafía, se ha podido determinar que se trata de una copia elaborada por Atanacio Bello Montero (1800-1876) –músico, autor de otras canciones patrióticas y oficial del ejército Libertador[5]Para más datos biográficos acerca de este músico venezolano ver el estudio sobre su vida y catálogo de obras reaizado por los investigadores Roberto Ojeda y Montserrat Capelán en Motetes, tonos y canciones de Atanacio Bello Montero. Caracas: Funves, 2013. – entre 1840 y 1845. En esta redacción, que consta de ocho partes (flauta, cornos, trombón, timbales, violín 1 y 2, viola y contrabajo) – y a cuyo dorso se encuentra el Himno Nacional de Chile identificado con el nombre de Canción patriótica Nro. 2 y con una interesante variante en el texto[6]El texto original del Himno de Chile reza: «Dulce Patria recibe los votos, con que Chile en tus aras juró, que o la tumba será de los libres o el asilo contra la opresión», mientras que en el manuscrito del «Gloria al bravo pueblo» el texto reza: «Dulce Patria recibe los votos, con que América toda juró, que o la tumba será de los libres o el asilo contra la opresión». – no se especifica ni el autor de la música ni el del texto. La misma contiene varios elementos que encontraremos en versiones posteriores:

  1. Breve introducción de cuatro compases sobre los acordes de tónica-dominante-tónica.

ilustración n° 1

Fragmento del manuscrito de la Canción Nacional n° 1 (circa 1840),

parte de violín, introducción

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

  1. Figuración de la melodía en progresión sobre los dos últimos versos del estribillo.

ilustración n° 2

Fragmento del manuscrito de la Canción Nacional n° 1 (circa 1840),

parte de violín (compases 9-11). Figuración de la melodía

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

  1. Escala ascendente como puente en la repetición del estribillo y entre la estrofa y el estribillo.

    ilustración n° 3

    Fragmento del manuscrito de la Canción Nacional n° 1 (circa 1840),

    parte de violín (compás 54). Escala ascendente, puente al estribillo.

    Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.Repetición de todo el estribillo.

 

  1. Repetición de todo el estribillo.

Esta copia se encontró entre los papeles que pertenecieron a José Ángel Montero (1832-1881), el compositor de mayor producción musical del siglo XIX venezolano, los cuales fueron adquiridos por la Biblioteca Nacional en el año 1938[7]Es importante resaltar que la adquisición de este importante fondo documental se realiza a través de la compra a la familia Montero siendo director de la Biblioteca Nacional Enrique Planchart. El mismo Planchart solicita la cooperación de Juan Bautista Plaza para la elaboración de su inventario. Plaza realiza esta labor con la asistencia del joven estudiante y becario Antonio Estévez, quien posteriormente se convertiría en uno de los más sólidos representantes de la llamada Escuela de Santa Capilla, generación de compositores formados bajo la guía de Vicente Emilio Sojo. Durante el levantamiento de dicho inventario se tropieza Plaza por primera vez con este manuscrito del «Gloria al bravo pueblo». .

Aquí vale la pena acotar que tanto José Ángel Montero como su primo Atanacio Bello Montero provenían de una familia musical que se remonta a tiempos de la colonia, en el fondo que la familia de Montero entregó a la Biblioteca Nacional se encontraron obras de autores coloniales probablemente obsequiadas por estos compositores a su abuelo, Dionisio, quien fuera organista de la iglesia de San Jacinto, y a José María, padre de José Ángel, compositor y violinista. Allí también reposan nuevas redacciones de esas obras coloniales elaboradas, en su mayoría, por su hermano Ramón Montero.

 

ilustración n° 4

Fragmento del manuscrito de la Canción Nacional n° 1 (circa 1840),

parte de violín

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

Para 1870[8]Se sabe de la publicación, dos años antes, de una edición a cargo del músico Román Isaza, gracias a un anuncio en el periódico El Comercio de Puerto Cabello del 4 de septiembre de 1868. De esa edición parece no haber sobrevivido un ejemplar hasta nuestros días. De acuerdo con el aviso de prensa, esta edición identifica al «Gloria al bravo pueblo» como «Himno venezolano». se encargará el propio Montero de realizar un arreglo para banda de la canción, curiosamente enriquecida con un trío de dieciséis compases después de la estrofa.

 

ilustración n° 5

Parte de flauta del arreglo para banda elaborado por José Ángel Montero (circa 1870).

 Inicio del trío, pentagrama 8

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

Apartando esta irrupción de la libertad creadora de Montero, vale la pena resaltar que en lo referente a la canción, en este arreglo se mantienen los cuatro compases de introducción y el resto de los elementos antes mencionados, por lo que creemos prudente empezar a considerar a esta versión como la «popularizada». Debemos, no obstante, resaltar, para fines de argumentación futura, que en el juego existente en la Colección de Sonido y Cine de la Biblioteca Nacional, esta obra aparece identificada de la siguiente manera: “Gloria al Bravo Pueblo, Marcha por J. A. Montero» [9]De este arreglo sobreviven dos juegos, uno resguardado en la Biblioteca Nacional de Venezuela y otro en manos del señor Gustavo Enrique Linares González. Respecto a este último debemos señalar que el 22 de abril de 1996, el señor Linares González, ex músico militar de la Fuerza Armada, declaró en el diario El Impulso, de Barquisimeto, haber descubierto en 1995, en unos baúles pertenecientes a su padre, el músico militar retirado Luis Gerardo Linares González, unos manuscritos del arreglo para banda realizado por José Ángel Montero del «Gloria al bravo pueblo», los cuales llegaron a su posesión como compensación salarial de manos del maestro Federico Williams Hollington, con quien cursara estudios, entre 1940 y 1947, en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas (Williams habría sido director de la Banda del Estado Zulia). Dicho manuscrito coincide con el resguardado en la Biblioteca Nacional proveniente de la compra a la familia Montero. Ambos juegos son idénticos con la única diferencia de que en la parte de clarinete del ejemplar que posee Linares aparece Juan José Landaeta como autor de la canción, mientras que en el juego de la BN se indica: «Marcha por J. A. Montero».

ilustración n° 6

Parte de flauta del arreglo para banda elaborado por José Ángel Montero (circa 1870).

Detalle con la mención de responsabilidad

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

Esta estructura se reitera en el arreglo para piano que edita Montero con la casa de Alfred Rothe en 1872[10]El 25 de septiembre 1872, el periódico La Opinión Nacional, de Caracas, anuncia para la venta «…un álbum de piezas de baile bellamente litografiado y adornado con lindos dibujos por los mejores artistas de Hamburgo […] Además de 23 piezas de baile, obsequiamos a nuestros favorecedores con el himno nacional Gloria al Bravo Pueblo arreglado por primera vez para piano». Y más abajo en el mismo aviso: «Gloria al Bravo Pueblo! Canto Nacional de Venezuela arreglado para piano y adornado con las armas de Venezuela». El anunciante era Alfred Rothe, editor de innumerables obras musicales de la segunda mitad del siglo XIX. El ejemplar en cuestión fue localizado en 2003 bajo la cota Jal 1903 de la Colección de la Escuela de Música José Ángel Lamas, la cual está resguardada en la actualidad en la División de Sonido y Cine de la Biblioteca Nacional. En su portada se lee: «Composición de Juan Landaeta» y, además, «Arreglada para piano por José Ángel Montero». Nótese que ya para esta época se le considera Himno Nacional.. Tanto en esta edición del 72 como en el juego del arreglo para banda que conserva, por herencia familiar, el señor Gustavo Enrique Linares González, aparece Juan José Landaeta como autor de la obra. Estamos hablando de una autoría avalada por la tradición musical de la familia Montero, lo que le otorga bastante consideración al dato.

 

ilustración n° 7

Portada y primera página de la edición de 1872, a cargo de José Ángel Montero

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

Sin embargo, no resulta tan sencillo llegar a conclusiones definitivas sobre este respecto. En 1987, el músico e investigador Alberto Calzavara halla, en la Biblioteca Netie Lee Benson (Latin American Collection) de la Universidad de Austin (Texas, EE UU) un ejemplar del número correspondiente al 16 de febrero de 1874 del semanario El Americano de París (Francia), redactado por Héctor F. Varela. Como suplemento de dicho periódico aparece una nueva versión de la canción en la cual se identifican a los autores de la letra y la música como Andrés Bello y Lino Gallardo, respectivamente. En torno a esta publicación apareció un artículo el 10 de marzo del mismo año en La Opinión Nacional acusando recibo de la partitura del himno realizada en París, por Varela; en él se lee:

El Americano del 16 de febrero último trae como regalo a sus numerosos suscriptores de todos los países que hablan el español el Himno Nacional de Venezuela, el célebre y heroico Gloria al Bravo Pueblo, cuya letra compuso el ilustre venezolano Andrés Bello. La música, como nadie lo ignora en este país, es obra de nuestro fecundo compositor Lino Gallardo, que interpretó felizmente en ella el ardor épico de […] nuestros pueblos en la época gloriosa de nuestra independencia nacional… (Calzavara, 1987: 231).

Si bien la publicación del año 74 apareció, con la venia gubernamental[11]Venia al menos implícita en el hecho de que la nota fue publicada en La Opinión Nacional, representante de la prensa oficialista de la época. Sorprende la contundencia con la que se expresa que «La música, como nadie lo ignora en este país, es obra de nuestro fecundo compositor Lino Gallardo…». , durante el primer mandato de Antonio Guzmán Blanco, la versión que nos ofrece no posee los elementos que hemos destacado de la versión «popularizada». Por el contrario, en lugar de la introducción de cuatro compases aparece una de diez compases y la estructura musical incluye repeticiones en versos del estribillo y variantes melódicas en las estrofas, también con repeticiones de sus versos, que no posee ninguna de las versiones anteriores. Además, en el arreglo se utiliza el compás de 4/4 y no el de 2/4 que vemos tanto en los manuscritos anteriores como en la edición de 1872. Con esto queremos señalar que probablemente el ingenio de Gallardo estuvo implicado en la composición de la nueva introducción y en la nueva estructura propuesta en esta versión. Se trataría entonces de la versión Gallardo de una obra escrita, tal vez, por Landaeta. Y así como Montero identificó como de su autoría su arreglo para banda, con la inclusión de los dieciséis compases del trío, lo mismo habría hecho Gallardo con esta versión al agregarle una nueva introducción y proponer una nueva distribución del texto.

 

ilustración n° 8

Reproducción del libro de Ramón y Rivera (1987) de la edición de 1874.

 

Detalle de autores e introducción

Fuente: Colección Biblioteca Nacional de Venezuela.

Durante su segundo mandato, llamado el Quinquenio, Guzmán Blanco establece, por medio de decreto publicado el 25 de mayo de 1881, a la canción nacional «Gloria al bravo pueblo» como Himno Nacional de Venezuela. En dicho decreto no se especificó el nombre de los autores. Conjuntamente, el Ministerio de Guerra y Marina encargó a la Litografía del Comercio, propiedad del señor Juan Remsted, la edición oficial del Himno[12]El documento nº 77, p. 236, del Ministerio de Guerra y Marina de fecha 20 de junio de 1881, incluye una orden de pago bajo el número 654, «…a favor del ciudadano Juan Remsted, litógrafo de esta ciudad, por el importe de quinientas piezas de música del Himno Nacional Gloria al Bravo Pueblo». Probablemente esta edición sea la encontrada en la colección de la Escuela de Música José Ángel Lamas resguardada en la Biblioteca Nacional bajo la cota Jal 1866. Esta contiene los siguientes datos en la portada: «Gloria al Bravo Pueblo: Himno Nacional de Venezuela: Decretado por el Ilustre Americano Gral. Guzmán Blanco: Edición Oficial. Lit. del Comercio, Caracas». No incluye datos del autor de la música ni de la letra. El arreglo está en la tonalidad de si bemol mayor. y esta aparece con las siguientes características: a) Tampoco especifica los autores de letra y música, b) Utiliza el compás de 2/4 tal como aparece en las versiones anteriores a la de 1874, c) Incluye la introducción de la versión Gallardo, ahora en veinte compases y suavizada con la sustitución de algunas de las figuras con saltillo por corcheas, d) En la repetición del estribillo hay variantes melódicas a partir del segundo verso, e) Por lo demás se trata de la versión popularizada.

ilustración n° 9

Portada y primera página de la Edición Oficial (1881)

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

 

Dos años más tarde, en 1883, durante los actos de celebración del Centenario del Natalicio del Libertador, la versión oficial ya señalaba a Juan José Landaeta y Vicente Salias (1776-1814) como los autores de la canción. Ese año se publica el libro Ensayos sobre el arte en Venezuela, del general Ramón de la Plaza (1831-1886), el cual incluye un arreglo del Himno, atribuido a Eduardo Calcaño (1831-1904), de gran similitud con el arreglo para piano realizado por Montero y publicado en 1872. De la Plaza coincide con la versión oficial al identificar a Landaeta y Salias como los autores de la obra, sin embargo, hay que admitirlo, en este libro se encuentran algunas imprecisiones históricas que le restan veracidad a la fuente, tales como la afirmación acerca de que el Himno fue compuesto en 1814, y que Landaeta fue fusilado por Boves en Cumaná ese mismo año.

A pesar de eso todo parece indicar que, finalmente, la voz del Estado inclinó la balanza a favor de Landaeta aunque nueve años atrás haya avalado la versión francesa con la autoría de Gallardo.

En 1884 se le solicita a Salvador Narciso Llamozas una nueva versión oficial del Himno, allí:

A primera vista se observa que el arreglo o transcripción para piano ha sido hecho por un pianista que conoce bien los recursos del instrumento, cuya sonoridad trata de realzar, principalmente por medio de los bajos y de ciertas fórmulas de acompañamiento que a menudo pecan de vulgaridad (Plaza, 1947: s.p).

En 1911 el Gobierno Nacional encarga, nuevamente, a la firma Salvador N. Llamozas y Cía. otra edición con motivo del Centenario de la Independencia. La partitura (con versiones para piano, banda y voz y piano) mantiene las mismas características de la de 1884, incluyendo la introducción de veinte compases. Como si se tratara de un juego de alternancias de versiones con introducción y versiones que la obviaban, un año antes, en 1910, aparece un arreglo para tres voces oscuras y piano de Francisco de Paula Magdaleno, quien para el momento fungía como director de la Banda Marcial Caracas. En esta el arreglista identifica a Juan Landaeta como autor de la «melodía» y no incluye la introducción de la versión oficial[13]En referencia a este arreglo, Plaza lo tachará de «caprichoso», agregando que «La armonización en general es de muy mal gusto» (1947: s.p.).

Igual ocurre con la edición oficial de 1938, la cual es parecida a la de 1911, pero aquí no se incluye la introducción, se agrega la indicación metronómica de negra=100 y hay cambios en la armonía de la parte coral en los compases 2 y 3. Curiosamente, esta edición coincide con el hallazgo, entre los papeles del Fondo Montero, del manuscrito más antiguo que se conserva de nuestro Himno Nacional, cuando Juan Bautista Plaza realizaba el inventario de dicho fondo para la Biblioteca Nacional. Al suprimirse la introducción de la versión oficial pareciera buscarse un acercamiento a la versión plasmada en el manuscrito de Bello/Montero. Todo parece indicar que no existía un consenso entre los arreglistas en referencia a la incorporación de la introducción.

Finalmente, en 1947, el gobierno de Rómulo Gallegos le encomienda a Juan Bautista Plaza la elaboración de lo que será la versión del «Gloria al bravo pueblo» por la que aún se rigen los actos oficiales, realizando para ello varios arreglos: Uno para canto y piano, otro para cuatro voces mixtas, otro para tres voces oscuras, otro para orquesta y uno para canto y piano para uso escolar. El arreglo para banda quedó a cargo de Pedro Elías Gutiérrez (1870-1954). Aquí Plaza suprime la introducción y argumenta en un trabajo preliminar los criterios utilizados para la elaboración de dicha edición. Estos argumentos los pasaremos a exponer en la próxima parte de este trabajo.

Una polémica en el tiempo

El 24 de julio de 1883, en el número 15 del periódico editado por Salvador Narciso Llamozas, La Lira Venezolana, dedicado al Centenario del Natalicio de Simón Bolívar, aparece un comentario suyo sobre el Himno. Atribuye la música a Juan José Landaeta y la fecha de creación al año 1811. Sin embargo, agrega que «…algunos atribuyen la paternidad del Gloria al Bravo Pueblo a Lino Gallardo, contemporáneo de Landaeta, pero existen más fundamentos para que fuese éste» (Llamozas, 1883: 73). Llamozas repite estos comentarios en la «Noticia histórica» que agrega a la edición oficial que el gobierno de Guzmán Blanco le encarga publicar para el año de 1884.

En la edición oficial que realiza Llamozas para el Centenario de la Firma del Acta de la Independencia, en 1911, la partitura aparece precedida de una nueva «Noticia histórica» acerca de los orígenes del «Gloria al bravo pueblo», escrita, también, por Llamozas. En una nota al pie de página señala lo siguiente:

Sin fundamento han atribuido algunos la paternidad del Gloria al Bravo Pueblo al compositor Lino Gallardo, autor también en la misma época de varias canciones patrióticas; pero el testimonio de los contemporáneos de Landaeta trasmitido hasta nuestros días, depone en su favor… (Llamozas, 1911: s.p).

ilustración n° 10

Portada de la edición del Centenario de la Independencia (1911) a cargo de S. N. Llamozas & Cía.

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

Es en esta «Noticia histórica» Llamozas, comentando la biografía de José Félix Ribas escrita por Juan Vicente González, sugiere, como lo habíamos adelantando anteriormente, que «En cuanto a las alusiones del Señor González respecto de Gallardo, parece más bien referirse al director de la orquesta que al compositor» (Llamozas, 1911: s.p).

En 1913, ateniéndose a la información que presentaba Ramón de la Plaza en su libro Ensayos sobre el arte en Venezuela, según la cual el Himno Nacional había sido compuesto en 1814, se inicia una serie de declaraciones públicas para conmemorar el centenario del mismo. El escritor, historiador y bibliófilo merideño Tulio Febres Cordero, basado en el testimonio del padre Madariaga, aclara en un artículo de prensa que la fecha de creación del Himno debía haber sido en los días consecutivos al 19 de abril de 1810[14]El Universal, Caracas, 16 de octubre de 1913. . Posteriormente, en diciembre de ese mismo año, será el historiador Eloy G. González quien, también a través de la prensa, no solo apoyará la tesis de Febres Cordero sino que la complementará con el testimonio del oficial realista Basadre mencionado al principio de este trabajo. Además, González convoca a profundizar tanto en el origen de esta canción nacional como en la identidad de sus verdaderos autores. Al respecto, González interpreta el texto de la biografía escrita por Juan Vicente González del prócer José Félix Ribas en el que se hace alusión a Gallardo «haciendo resonar las calles con la Marsellesa Venezolana», afirmando que de allí se concluye que fue este y no Landaeta el autor del Himno y mencionando la tradición familiar de los descendientes de Lino Gallardo, así como el testimonio de Carmelita Gallardo, manumisa del compositor:

Descendiente de este (Gallardo) es el doctor Pedro González E., nieto de Eladia Gallardo, hija de Lino, quien posee testimonios de los contemporáneos de su ascendiente, entre otros, Quintín Rengifo, amigo y compañero del compositor, y de Carmelita Gallardo, antigua manumisa de la familia que vive aún, fuerte de cuerpo y sana de cerebro (González, 1913).

Salvador N. Llamozas se pronuncia en otro artículo, defendiendo lo que había declarado en su «Noticia histórica» de 1911. En ese artículo afirma que atribuyó en 1883 el Himno a Landaeta porque así «lo oyó decir de boca» de los músicos Juan B. Abreu, Bernardino Montero y José María Velásquez. Y agrega Llamozas:

No puede deducirse en sana lógica que Gallardo sea el autor de la Marsellesa venezolana, ni que la Marsellesa venezolana sea el Gloria al Bravo Pueblo. Solamente hay constancia de que haría tocar, hablando en términos del oficio, una composición que se equiparaba a la Marsellesa.

En otro artículo es el propio nieto de Gallardo, el doctor Pedro González E., quien expone:

Es tradicional en mi familia que el autor del Gloria al Bravo Pueblo fue el maestro Lino Gallardo; tal tradición la recogí desde niño de labios de mi padre Eduardo González, de mi tío Octavio González, que vive; de Carolina, mi abuela, de la señorita Francisca de Paula Gallardo, hija del compositor, del señor Quintín Rengifo, amigo y contemporáneo de ella, y de Carmelita, antigua manumisa de los Gallardo, que también vive sana y fuerte […] De niño, en el año de 1883, el señor Quintín Rengifo instó a la señorita Francisca de Paula Gallardo a que reclamara los derechos de su padre y el señor Agapito Guzmán le pidió autorización para hacerlo en su nombre, y aquella anciana, imbuida en añejas ideas, pensaba que la memoria de los difuntos no debía alterarse con disputas de ningún género y fue sorda a todas las insinuaciones que se le hicieron; además, toda la música de Gallardo fue regalada al compositor José Ángel Montero, y como los demás sucesores no hemos tenido ningún documento en que apoyar la tradición de la familia, y como ninguno se ha dedicado a estudios históricos que le hubieran dado autoridad para tratar el tema con éxito, nos hemos eximido de hacerlo (González, E.,1913).

En este orden de ideas viene inserto el argumento más sólido que esgrimen los investigadores para propiciar la figura de Gallardo como autor del Himno: La hija menor de Gallardo, Francisca Paula, era prácticamente una fanática religiosa y por tal razón no debía sentir especial simpatía por Guzmán Blanco, ya que este había iniciado una campaña en contra de los conventos, exclaustrando a las monjas, expropiando los inmuebles de la Iglesia y, además, había hecho derrumbar la vieja iglesia de San Pablo para erigir, en su lugar, el teatro Guzmán Blanco (hoy teatro Municipal). Gran malestar debió causarle a esta mujer de carácter fuerte y determinante el hecho de que el «Gloria al bravo pueblo» fuera una obra tan estrechamente identificada con la figura de su odiado enemigo y, según cuentan los descendientes de Gallardo, así tomó la decisión de quemar y regalar los papeles, incluyendo los musicales, de su padre.

En 1939, el compositor y musicólogo José Antonio Calcaño publica su libro Contribución al estudio de la música en Venezuela. En esa época Calcaño pensaba que los autores del himno eran Salias y Landaeta y lo expresa diciendo, en alusión a lo escrito por Juan Vicente González:

Gallardo fue músico muy conocido, compositor director de orquesta. Lo mismo que Carreño y los Landaeta, asistió a clases del Padre Sojo y de Juan Manuel Olivares y en varias ocasiones se le ha señalado como autor del «Gloria al Bravo Pueblo» […] pero no se comprende bien cómo de esa frase, puede sacarse la conclusión de que Gallardo escribiera el himno, cuya paternidad atribuyen a Juan José Landaeta la tradición y los autores de las épocas siguientes (Calcaño, 1939: 12-13).

También en el párrafo final del apéndice B de ese mismo libro dice Calcaño:

Terminaremos este breve apunte con una lista de los principales autores de esos días. Además de Olivares […] figuraron entonces José Ángel Lamas […] José Antonio Caro de Boesi […] Mateo Villalobos, Juan José Landaeta (autor del Himno Nacional de Venezuela), Narciso Lauro, José Luis Landaeta, Pedro Nolasco Colón, etc. (Calcaño, 1939: 127).

Veinte años después, a raíz de los testimonios recogidos de los descendientes de Gallardo y del hallazgo de una partitura del Himno editada por A. M. Sucre, probablemente en Trinidad (sin fecha), en la que se atribuye la autoría de la música a Lino Callardo [sic][15]La edición se identifica en la portada de la siguiente manera: «Venezuela Libre: Colección de piezas de baile venezolanas Editor A.M. Sucre». En su interior se encuentra: «Gloria al Bravo Pueblo: Himno venezolano por el maestro Lino Gallardo». Existe un ejemplar de esta edición en la Colección de Sonido y Cine de la Biblioteca Nacional de Venezuela del que solo se conserva una hoja con la última página del vals «Salutación» de Salvador Narciso Llamozas y, al dorso, la primera página del Himno Nacional. Dicho ejemplar fue donado por la familia de José Antonio Calcaño. , Calcaño cambia de opinión y lo expresa primeramente en un artículo publicado en la revista El Farol (1957), y posteriormente en su obra esencial La ciudad y su música (1958).

ilustración n°11

Detalle de la edición de A. M. Sucre con la autoría de Lino Callardo [sic]

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

Allí complementa su defensa a favor de Gallardo afirmando que esta canción había nacido en el seno de la Sociedad Patriótica, a la cual pertenecía Gallardo y no Landaeta.

Están de acuerdo todos los escritores que el «Gloria a Bravo Pueblo» surgió en el seno de la Sociedad Patriótica, cuya creación fue resuelta en agosto de 1810, y se asegura que Vicente Salias improvisó la letra en una de sus sesiones (Calcaño, 1958: 169; resaltado nuestro).

Pero si la creación de la Sociedad Patriótica se resolvió en agosto de 1810, ¿cómo es posible que un funcionario realista repatriado a España en mayo, atestiguara en julio haber escuchado, por esos días de abril, un canto patriótico cuya letra coincidiría con una de las estrofas del Himno Nacional?

También afirma Calcaño que «Por más que hemos buscado, no ha sido posible hallar ningún documento anterior a 1883 en que se diga quién es el autor del Himno» (Calcaño, 1958: 171), pero ya hemos mencionado el manuscrito para banda de José Ángel Montero de 1870 y su edición para piano de 1872.

En lo que respecta a la versión publicada por Sucre debemos acotar que la misma posee diferencias en ritmo y melodía en comparación con la que hemos llamado versión «popularizada». Lamentablemente está extraviada la segunda página, imprescindible para hacer un estudio comparativo de la música de las estrofas.

Juan Bautista Plaza, al elaborar la edición oficial de 1947, incluye en la publicación una sección a la que llama «Datos históricos y comentarios críticos». Allí expone los criterios utilizados para la elaboración de esta versión dejando claro que su fuente principal de referencia había sido el manuscrito de Atanacio Bello Montero resguardado en la Biblioteca Nacional, aunque en la repetición del estribillo prefiere la versión variada de 1881. Plaza agrega en sus comentarios argumentos musicológicos a favor de Landaeta por haber comparado «ciertas cadencias y giros melódicos» del «Gloria al bravo pueblo» con otras obras atribuidas al mismo compositor (Salve Regina, Gloria americanos).

 

ilustración n° 12

Detalles de «Datos históricos y comentarios críticos»

de J. B. Plaza en la Edición Oficial del Himno (1947)

Fuente: Colección Archivo Audiovisual de Venezuela.

Concluye Plaza:

La tradición, por una parte; el estilo musical característico del autor, nos obligan pues a afirmar […] que es a Juan José Landaeta, a quien le corresponde la gloria de ser el autor de la música del Himno Nacional de Venezuela (Plaza, 1947: s.p.).

Pudo ver Plaza en el estilo de la introducción que había sido incluida en las ediciones oficiales anteriores, elementos que no concordaban con lo identificado en la obra analizada de Landaeta, pues decidió suprimirla alegando para ello que la misma poseía la condición de «postiza».

Si bien fue compuesta con el laudable propósito de que sirviera solemnemente, a manera de pórtico, para preparar la entrada del coro, la verdad es que, por la forma y el carácter artificioso con que la tal introducción ha sido concebida, desdice del estilo musical del Himno, tan sencillo y a la vez tan noble. Con razón muchos la han criticado y han propuesto su radical supresión (Plaza, 1947: s.p.).

Con esta observación, Plaza nos da a entender que en años anteriores existían detractores de la introducción. De allí el hecho de que algunas ediciones salieran sin la introducción a pesar de que la misma estaba legitimada en la versión oficial. Inferimos con esto que, tal vez, estos detractores estaban al tanto de que se trataba de material musical agregado a la obra original. Por cierto que Plaza tampoco incluyó la introducción de cuatro compases del manuscrito de Bello/Montero.

Plaza prefirió sacar sus conclusiones a partir del análisis comparativo con criterios musicológicos obviando los elementos aportados por la documentación histórica en torno a la participación del autor en el seno de la Sociedad Patriótica. No obstante, hace la salvedad de que estas afirmaciones las emite mientras no se tengan mejores fundamentos para sostener lo contrario.

Podríamos decir que a partir de la publicación del libro La ciudad y su música de José Antonio Calcaño quedaron establecidas las dos posturas alrededor de los posibles autores de la música de nuestro Himno Nacional y que por mucho tiempo fueron identificadas como la Postura Plaza y la Postura Calcaño (con sus antecedentes en Llamozas y la familia Gallardo). Estas posturas enfrentadas, objetivamente hablando, no generaron mayor impacto, ni en lo mediático, ni en lo académico. La posición oficial siempre estuvo del lado de Landaeta sin mostrar mayor inquietud por aclarar un dato para nada banal, pues se trataba nada más y nada menos que de los autores de nuestro emblema musical: el Himno Nacional de Venezuela. Los años transcurrieron y la postura Calcaño se limitó al ámbito de los especialistas durante casi treinta años.

El 24 de mayo de 1987, a partir de la ubicación de un ejemplar de la edición francesa del 1874, Alberto Calzavara plantea, en rueda de prensa, sus hipótesis sobre la posibilidad de que los verdaderos autores del «Gloria al bravo pueblo» fueran Lino Gallardo de la música y Andrés Bello de la letra. Posteriormente, en ese mismo año, estas aseveraciones quedarán plasmadas en su libro Historia de la música en Venezuela: Período hispánico con referencias al teatro y la danza. Su postura, claramente identificada con Calcaño, podría resumirse en lo siguiente:

 

  1. Desde lo histórico hay datos que evidencian la participación de Gallardo como miembro de la Sociedad Patriótica. Por el contrario, al intentar ubicar referencias de Landaeta, los investigadores se tropezarán con un obstáculo insalvable. Para la época hay documentos que testimonian, entre 1770 y 1810, la existencia de al menos diez individuos que ostentaban el nombre de Juan Landaeta. Uno de ellos, a quien el padre Pedro Palacios y Sojo (1739-1799) le otorgó en herencia un violín y una viola, perdió la vida durante el terremoto de 1812. De acuerdo con Calzavara, no existe documentación alguna que verifique la versión del baile sangriento de Boves en Cumaná durante el cual, de acuerdo con la tradición, fue ejecutado Landaeta colocándole encima de su cabeza un ejemplar de la canción.
  2. Reitera lo afirmado por Calcaño acerca de la inexistencia de documentos anteriores a 1883 que identifiquen a Landaeta como autor del Himno. De allí que afirme que la edición más antigua que se preserva del «Gloria al bravo pueblo» es la francesa de 1874 que identifica a Gallardo y Bello como sus autores. Por esta razón debe dársele destacada importancia a este hallazgo.
  3. Afirma que Llamozas, en sus escritos de 1883, 1884, 1911 y 1913, «incurre en no señalar fuentes verificables o documentables de todo crédito». También asevera que:

Por otra parte, en este artículo, donde abundan las contradicciones y las apreciaciones subjetivas, su autor repite su creencia de que Juan Vicente González no se refería al «inspirado Gallardo» como autor de la canción sino como al director de la orquesta. Llamozas se equivoca, porque se ha demostrado recientemente que durante la época de independencia, era el autor de las canciones patrióticas quien debía encargarse de contratar las orquestas y hacerlas tocar. Con esto queda descalificada la opinión «oficial» de Llamozas y la aseveración de Juan V. González cobra toda su verdadera significación. Es asombroso que Llamozas se haya demorado 30 años en ofrecer al público sus mayores fundamentos, lo cual implica muy poca seriedad, bajo el punto de vista del historiador responsable (Calzavara, 1987: 231).

  1. Otorga relevancia a los testimonios de los descendientes de Gallardo.

 

Aquí nos toca intervenir, antes de continuar con los protagonistas de la polémica, para colocar sobre el tapete algunos elementos que consideramos esenciales en la profundización del debate.

Con respecto al primer punto ya hemos comentado que la obra resonó, al menos en los oídos del intendente Basadre, en los días posteriores al 19 de abril de 1810 y, de acuerdo con Calcaño, la Sociedad Patriótica se gestó en agosto de ese año[16]De hecho fue fundada por Juan Germán Roscio (1763-1821) en julio de 1810. . También creemos importante volver a referirnos a una obra de la cual sobrevive un manuscrito hecho a partir de un ejercicio de memoria del compositor José María Isaza, quien no solo fue testigo de época de los acontecimientos del 19 de abril de 1810, sino que también fue un activo militante, al menos desde el ámbito musical, de la causa patriótica. Fe de ello lo dan sus hermosas canciones dedicadas a la figura del Libertador (incluso en momentos donde los movimientos separatistas de Venezuela y la Nueva Granada mantenían una feroz campaña de descrédito contra Bolívar), así como otras dedicadas a las hazañas de nuestros libertadores. La obra en cuestión se titula Gloria americanos y como señalábamos anteriormente, en la portada se lee: «La canción de la instalación del Primer Congreso de Venezuela En 1828 recordada por Isaza y compuesta por Juan José Landaeta en 1811». Es esta obra, a nuestro entender, una prueba de que al menos un músico de nombre Juan José Landaeta estuvo involucrado directamente con la causa nacida de la gesta de abril de 1810, un dato que no podemos desdeñar por el simple hecho de que no se tenga una documentación precisa en torno al personaje.

En cuanto a que la edición francesa de 1874 es la más antigua que se preserva, ya hemos citado y comentado la edición de 1872, a la cual no pudo tener acceso Calzavara durante sus investigaciones –en su libro la reporta como irremediablemente extraviada–. Esta edición reviste gran importancia por varias razones:

 

  1. Apareció dos años antes de la edición francesa.
  2. Fue editada en Venezuela –aunque impresa en Hamburgo– por uno de los más prestigiosos editores musicales de la época, Alfred Rothe.
  3. El encargado de la edición fue José Ángel Montero.
  4. Sí identifica a Juan Landaeta como autor de la obra.

 

Relacionando estos elementos con el último punto, el de los testimonios de la familia de Gallardo, bien pudiéramos considerar la siguiente reflexión. Es cierto que precisamente durante los actos del Centenario del Nacimiento de Bolívar se realizaron, para beneficio de Guzmán y sus tácticas demagógicas, una serie de manipulaciones en torno a la historia patria[17]Francisco Herrera Luque lo expone magistralmente en su novela histórica Los cuatro reyes de la baraja. Dice de Guzmán Blanco: «En su casa, como herencia de su madre, vivía una anciana octogenaria, llamada Matea, quien, por haber sido esclava de María Antonia Bolívar, sentía un amor maternal por Bolívar, a quien vio por primera vez en el año 13, en que entró triunfante a Caracas, proclamándosele Libertador. La esclava tenía diez años para ese entonces y Bolívar, en un arrebato emocional, la cargó en sus brazos y la zarandeó de lo lindo, para escándalo de la Negra Hipólita, su verdadera aya, su madre Hipólita como la llamaba, quien le gritaba que la dejara quieta porque blanco no carga negro. Guzmán tomó la decisión: Matea sería oficialmente la cargadora de Bolívar. Como Ana Teresa le echara en cara el dislate, además de ser una injusticia para con la abnegada Hipólita, se limitó a responder:                —¿Quién le va a dar importancia a esas tonterías? Matea lo mismo puede tener ochenta que ciento veinte años, que son los que necesita para ser el aya del Libertador. ¿Quién me lo va a discutir? Dime, ¿quién? Además que será una nota de buen gusto para los invitados que habrán de venir del exterior» (Herrera Luque, 1991: 214).. Por otro lado, también resulta poco esclarecedora la documentación en torno a Landaeta, razón por la cual se convierte en una figura propicia para la fantasía, al colocarlo, al igual que a Vicente Salias, al lado de los héroes de la gesta emancipadora, ya que, según Ramón de la Plaza, Landaeta habría podido morir, no como víctima del terremoto de 1812, sino en una masacre ordenada por José Tomás Boves en Cumaná en el año 1814, durante un sarao (de cuya realización no existe prueba alguna, salvo la tradición oral) en el que, aparentemente, perecieron varios músicos leales a la causa patriótica.

Al mismo tiempo no se puede negar, tal como lo afirma Pedro Calzadilla, que:

En efecto, Guzmán lleva adelante una vigorosa «política de memoria» que le da un tremendo impulso a los procesos de cohesión nacional y formación identitaria […] El saldo del guzmancismo en esta materia no es nada despreciable: renovados contenidos de «historia patria» en las escuelas públicas, escritura de obras y manuales de enseñanza de la historia, formación de bibliotecas, museos, festejos nacionales, ceremonias públicas, exposiciones nacionales, formación de la iconografía patriótica a través de la pintura, para nombrar algunos (2015: 15).

No menos inquietante resulta el hecho de que, de ser ciertas las aseveraciones de Pedro González, nieto de Gallardo, en manos de Montero debió estar el manuscrito de Gallardo y, sin embargo, al publicar la versión para piano en 1872, este le adjudicó la autoría a Landaeta. Debió haber compartido Montero una estrecha amistad con la familia de Gallardo para que Francisca Paula le cediera los papeles de su padre. Por lo tanto la adjudicación de la autoría a Landaeta no podría verse como un acto mezquino contra Gallardo. Reiteremos aquí el hecho de que, al venir Montero de una familia constituida por varias generaciones de músicos, alguno de ellos debió tener el conocimiento de primera mano en torno al autor del «Gloria al bravo pueblo»[18]Agregamos a esta aseveración otro dato importante. En 1876, José Ángel Montero redacta un proyecto dirigido a Antonio Guzmán Blanco para la creación del Instituto Musical Venezolano (el manuscrito de dicho proyecto se encuentra en la Colección de Sonido y Cine de la Biblioteca Nacional de Venezuela). En uno de sus apartados, Montero recomienda «…nombrar una comisión para redactar la historia de la música en Venezuela desde la conquista hasta la administración del Ilustre Americano, para lo cual tengo ya numerosos datos y continúo haciéndome de Agentes en todos los Estados de la Unión, con el mismo objeto» (Montero, 1876: s.p.; cursivas nuestras). De aquí podemos elucubrar que se consideraba una autoridad en esta materia otorgándole mayor solidez a nuestro argumento..

Para terminar, también resulta curioso que el arreglo de Montero no incluya los diez compases de introducción de la versión francesa, sino que por el contrario se atiene a la estructura del manuscrito de 1840.

Lo cierto es que a partir de esta declaración de Calzavara vuelve a encenderse la llama de la discusión involucrándose en la misma el compositor e investigador Luis Felipe Ramón y Rivera, quien viene a agregarle un elemento enriquecedor del cual no había hecho mención ninguno de los autores anteriores, la raíz popular.

Ese mismo año de 1987, Ramón y Rivera publica, a través de la Fundación Internacional de Etnomusicología y Folklore, el folleto Sobre el autor del Himno Nacional, donde afirma que la melodía del estribillo coincide con la de una conocida canción de cuna cuyos orígenes se pueden ubicar en Europa al menos siglo y medio antes de la composición del Himno[19]Más antigua parece ser la canción de ronda «Doñana» que se conoce en el Caribe y Centroamérica con distintas músicas (y variantes en el nombre como «La Marisola», «Doña Blanca», etc.) y cuya versión más antigua parece ser «Doña Berenguela», a la que algunos autores como José Amador de los Ríos (1865) sitúan en España en el siglo XVI. En Venezuela se canta, en una de sus variantes, utilizando la melodía del estribillo del Himno Nacional. . Esto no es de extrañar ya que se trata de una práctica bastante antigua que consiste en utilizar melodías populares conocidas dentro de nuevas composiciones. Así, por ejemplo, en los siglos XV y XVI se conocían las llamadas misas de parodia en las cuales se tomaban, total o parcialmente, obras polifónicas profanas a los que se les sustituía el texto original por el litúrgico. También durante la Edad Media era frecuente la práctica de colocarle texto a los largos melismas de la música gregoriana originándose así los llamados tropos. Ni hablar de la práctica en el ámbito de la reforma protestante donde Martín Lutero, contrariando lo establecido en el Concilio de Trento, se sirvió de hermosas melodías populares profanas para la elaboración de sus corales evangélicos buscando con esto «…atraer más fácilmente al pueblo hacia la verdad, por medio de aires familiares a su modo de sentir», ya que «el diablo no necesita guardar para él solo todas las hermosas melodías» (Prochell, 1961: 44).

Es lógico pensar en la utilización de una melodía harto conocida para la elaboración del estribillo de una canción que, por motivos políticos, debía difundirse rápidamente entre el pueblo.

En ese sentido Ramón y Rivera expresa lo siguiente:

Nuestra idea y conclusión final sobre este asunto es la siguiente: El Himno Nacional es el resultado de la fusión de varias vertientes populares. Es una obra efectivamente colectiva así: La introducción sería de Gallardo; la melodía del coro es una canción de cuna tradicional; la melodía de las estrofas bien podría ser de Landaeta; y Guzmán, al oficializar la versión sencilla acertó. En consecuencia, debe enorgullecernos que esa canción sea efectivamente «del Bravo Pueblo», el autor no solo de un himno sino de toda una gesta heroica que nos dio independencia (1987: 36).

Esta idea coincide con lo observado en las distintas versiones estudiadas del Himno ya que, como hemos dicho anteriormente, la introducción aparece, por primera vez, en la edición francesa que atribuye la autoría a Gallardo. En esta versión la estructura melódica de las estrofas es diferente a la versión popularizada y fue, justamente, a partir de esta última que pudo establecer Juan Bautista Plaza similitudes con giros melódicos y cadencias de obras atribuidas a Landaeta[20]Al menos con el Salve Regina que tiene similitudes con una parte de la estrofa. Ya que la comparación que hace con Gloria americanos es a partir de la música del estribillo y este, como acabamos de mencionar, tendría su origen en un canto popular. Sin embargo, no resulta descabellado pensar que Landaeta pudo haber citado esta canción en el Gloria americanos para así vincular ambas obras. . Por esta razón, en la versión de Plaza él comenta haber omitido la introducción que aparece tanto en la versión de 1874 como en la primera versión oficial, por considerarla postiza (comentario que refuerza la teoría de que podría haber sido compuesta por Gallardo). Recordemos que no es el único caso de un compositor del siglo XIX que se atribuya la autoría de alguna composición ajena a la que le incorporaba nuevos elementos. Justamente sirve de ejemplo el arreglo para banda de José Ángel Montero al que identifica como «Marcha por J. A. Montero» por el hecho de haberle agregado el trío de dieciséis compases como intermedio.

Un año más tarde, en una carta a la redacción de la Revista Musical de Venezuela, Ramón y Rivera reitera, de manera más enfática, sus desacuerdos con la posición de Calzavara, puntualizando los errores que, según su opinión, comete el investigador en el desarrollo de su teoría, siendo estos, además de los acotados anteriormente:

Haber desestimado las investigaciones y conclusiones del Maestro Juan Bautista Plaza, y haberle concedido capital importancia a la partitura impresa en París (1874), sin percatarse de las diferencias rítmicas, melódicas, armónicas y estructurales, que indican que no fue esa versión atribuida a Gallardo la que se cantó tradicionalmente, sino la otra, la que procede de los papeles de Montero, y que es la que se sigue cantando hasta el día de hoy (1988: 176).

Y para argumentar la primera de sus afirmaciones agrega:

La primera edición impresa por Don Salvador Narciso Llamozas no está hoy desaparecida, como afirma Calzavara en su «Cronología documental». Un ejemplar de esa edición está en el archivo reunido por el Maestro Juan Bautista Plaza y que hoy guarda celosamente su viuda doña Nolita Pietersz de Plaza. Lo que afirma Calzavara, de que «aparentemente (sic) no se menciona en esta edición a los autores de las obra» (el himno), es equivocado, pues en la nota de Llamozas que acompaña a esa primera edición, Don Salvador sí menciona a Salias y a Landaeta como los autores. Considero una equivocación de parti pris el hecho de que Calzavara haya desestimado el archivo del Maestro Plaza, tanto más, cuanto que se deben a este Maestro las conclusiones más valiosas sobre los orígenes de nuestro Himno Nacional (Ramón y Rivera, 1988: 175).

Conclusión

Resulta fascinante que nuestro Himno Nacional, insignia musical de la patria venezolana, tenga una historia envuelta en misterios y enigmas. Gracias a eso no solo es una canción convertida en símbolo patrio por decreto, sino que además ha llamado la atención, en diversas épocas, de reconocidos investigadores que a su vez se han destacado como creadores. Cada uno de ellos aportó piezas para armar un complejo rompecabezas. Llamozas, Calcaño, Plaza, Calzavara y Ramón y Rivera, desde su óptica individual, terminaron develando ese misterio como si se tratara de un equipo diverso, heterogéneo y, por lo tanto, lleno de potencialidades enriquecedoras.

Las fuentes encontradas en fecha posterior a la muerte de todos estos protagonistas han servido para reforzar el argumento de la adjudicación de la autoría a Landaeta ya que siendo ambas fuentes –el manuscrito de 1870 y la edición de 1872– elaboradas por José Ángel Montero, le otorgan a este compositor, a quien hemos identificado como estudioso del pasado musical venezolano, un alto grado de confiabilidad al colocar a Landaeta como creador del «Gloria al bravo pueblo».

Los elementos que coloca Ramón y Rivera en su exposición no solo brindan luces sólidas para acercarnos a la verdad sino que, además, legitiman esta obra, al tener ese elemento popular en su estribillo, como producto del alma y sentir de nuestro pueblo. Indudablemente que fue certera la escogencia de esa canción de cuna, o de ronda, pues así caló más profundamente en la memoria del pueblo y fue el elemento determinante para su rápida difusión. Es así que, y parafraseando a Plaza, «mientras no se tengan mejores fundamentos para sostener lo contrario», coincidiremos con los argumentos de Ramón y Rivera. El «Gloria al bravo pueblo» que conocemos y cantamos en la actualidad es producto de un proceso de creación, inspiración en lo popular, reelaboración, decantación y, finalmente, una legitimación basada en el reconocimiento de toda esa dinámica participativa que se generó a su alrededor a lo largo de siglo y medio hasta llegar a la versión oficial de 1947. Acertadamente, Plaza atribuyó su autoría a Juan José Landaeta pues, fue sin duda su propuesta creativa (que incluye el haber seleccionado el arrullo para la música del estribillo) el germen que desencadenó toda esa dinámica.

 

 

Fuentes

Bibliográficas

Amador de los Ríos, J. (1865). Historia crítica de la literatura española. Madrid: Editor Joaquín Muñoz, vol. VII.

Calcaño J. A. (1939). Contribución al estudio de la música en Venezuela. Caracas: Élite.

————— (1958). La ciudad y su música: Crónica musical de Caracas. Caracas: Conservatorio Teresa Carreño.

 

Calzavara, A. (1987) [1874]. Historia de la música en Venezuela: Período hispánico con referencias al teatro y la danza. Caracas: Fundación Pampero.

Herrera Luque, F. (1991). Los cuatro reyes de la baraja. Caracas: Grijalbo S.A.

Llamozas, S. (1911). «Noticia histórica acerca de los orígenes del Gloria al Bravo Pueblo», en J. Landaeta. Himno Nacional de Venezuela. Caracas: Llamozas & Cía.

Ojeda R. y M. Capelán (2013). Motetes, tonos y canciones de Atanacio Bello Montero. Caracas: Funves.

Plaza, J. (1947). «Datos históricos y comentarios críticos», en J. Landaeta. Himno Nacional de Venezuela. Edición Oficial. Caracas: OCEI.

Ramón y Rivera, L. (1987). Sobre el autor del Himno Nacional. Caracas. Fundación Internacional de Etnomusicología y Folklore.

————— (enero-abril 1988). «Carta a la redacción: En torno al autor de la música del Himno Nacional», Revista Musical de Venezuela (24): 171-177.

 

Hemerográficas

Calcaño J. A. (1957). «¿Quién compuso el Bravo Pueblo?», El Farol (169): 18-27.

González, E. (1913). «El “Bravo Pueblo”: Centenario del Himno Nacional», El Universal, Caracas, 4 de diciembre de 1913.

González, P. (1913). «El “Bravo Pueblo”: datos acerca de su paternidad», El Universal, Caracas, 8 de diciembre de 1913.

————— (1935). «Una Tradición Familiar: la Música del “Bravo Pueblo” fue compuesta por Lino Gallardo», El Universal, Caracas, 13 de junio de 1935.

Llamozas, S. (1883). «Gloria al Bravo Pueblo: Himno Nacional de Venezuela», La Lira Venezolana (15): 73-74.

————— (1913). «Sobre el Centenario del Himno Nacional», El Universal, Caracas, 6 de diciembre de 1913.

Prochell, M. (1961). «El Protestantismo, su música y músicos», Revista Musical Chilena, 15 (77): 39-51.

 

Tesis de Grado y otros trabajos no publicados

Calzadilla, P. (2015). Historia, identidad y nación. Venezuela siglo XIX. Trabajo de ascenso inédito. Caracas, Universidad Central de Venezuela.

Montero, J. A. (1876). Instituto Musical Venezolano: proyecto que presenta al Ilustre Americano para su consideración. Caracas, manuscrito.

 

Fonográficas

Calzavara, A. (1987). Los orígenes del Himno Nacional [grabación]. Caracas, 1987.

 

Las versiones

Archivo Audiovisual de Venezuela, Biblioteca Nacional (AAV).

Colección Bibliográfica General, Biblioteca Nacional de Venezuela (BG).

 

Canción Nacional no 1 (Manuscrito) [circa 1845]./. Al dorso: Canción Patriótica Nro. 2.- 8 partes + 1 pte de violín 1 escrita en otra época y 1 pte de alto de la Canción Patriótica. Partes de flauta, cornos, trombón, timbales, violín 1 y 2, viola y contrabajo (32 x 25). También existe una parte de violín, 1 realizada en un papel distinto (más moderno) que indica en la parte superior derecha: «Canción patriótica compuesta por el M. Juan José Landaeta. Año de 1810» (apaisado 17 x 27 cm). Tonalidad: do mayor (Colección AAV).

Gloria al Bravo Pueblo: Marcha / por J. A. Montero (Manuscrito) [circa 1870], arreglo para Banda. Escrito en tonalidad de sol mayor. En la parte superior derecha se lee: «Gloria al Bravo Pueblo. Marcha por J. A. Montero». 19 partes. Partes de piccolo, flauta, bombardino, requinto, saxo 1 y 2, cornetín 1 y 2, trompas 1, 2 y 3, trombón 1, 2 y 3, trombón 1 y 2 en si bemol, bajo 1, 2, tambor y bombo (27 x 17,5 cm). Incluye un trío en re mayor. En la parte superior izquierda todas las partes tienen un sello en relieve, en el cual se lee: «Lard-Esnault Paris 25 Rue Feydeau» (Colección AAV).

Gloria al Bravo Pueblo: Canto Nacional de Venezuela / Composición de Juan Landaeta, arreglada para piano por José Ángel Montero.— Caracas: Alfred Rothe [1872].— Grabado e impreso por Moritz Dreissig: Hamburgo (2 p.) (33 x 25,5 cm).Tonalidad de do mayor (Colección AAV).

Himno Patriótico de Venezuela / Versos de Andrés Bello, música de Lino Gallardo.— París: El Americano (música grabada expresamente para el periódico), 1874. Tonalidad de sol mayor. Para canto y piano. Reproducido del libro: Sobre el autor del Himno Nacional / Luis Felipe Ramón y Rivera.— Caracas: Finidef, 1987, pp. 5-6.(Colección BG).

Gloria al Bravo Pueblo: Himno Nacional de Venezuela: decretado por el Ilustre Americano Gral. Guzmán Blanco. Edición Oficial.— Caracas: Litografía del Comercio [1881].— 3 p. (35,5 x 25 cm).— Para dos voces con piano. Tonalidad de si bemol mayor (Colección AAV).

Gloria al Bravo Pueblo: Canto heroica [sic] de la Independencia / Juan J. Landaeta. — En: Ensayos sobre el arte en Venezuela / Ramón de la Plaza.— Caracas: Impr. al vapor de La Opinión Nacional, 1883. Versión para dos voces y piano. Tonalidad de do mayor (3 p.) (Colección AAV).

¡Gloria al bravo pueblo!: Hymno [sic] Nacional de Venezuela por Decreto ejecutivo de 25 de mayo de 1881: transcrito al piano de la Edición Oficial: Arreglo para piano sólo ó con canto.— Caracas: S.N. Llamozas & Cía, <1884>. Tonalidad: la mayor (Colección Familia Plaza).

Gloria al Bravo Pueblo: Himno Nacional Venezolano / melodía de Juan Landaeta; armonizada y transcrita al piano por F. De P. Magdaleno.— Caracas: [s.l] [1910]. Para tres voces oscuras y piano 3 p. Tonalidad: si bemol mayor (Colección AAV).

Himno Nacional de Venezuela.— Caracas: S.N. Llamozas & Cía, 1911. Tonalidad: la mayor. Arreglo para piano y canto ó piano solo. Arreglo para Banda (Colección AAV).

Himno Nacional de Venezuela / Letra de Vicente Salias, Música de Juan Landaeta.— Caracas: Edición Oficial, 1938.

Himno Nacional de Venezuela: Edición Oficial / Letra de Vicente Salias, Música de Juan José Landaeta, versión de Juan Bautista Plaza.— Caracas: OCEI, 1947.— Arreglos para: Canto y Piano, 4 voces mixtas, 3 voces oscuras, partitura de orquesta, partitura de banda, Canto y piano (edición para uso escolar) (Colección AAV).

Gloria al Bravo Pueblo: Himno Venezolano / por el Maestro Lino Callardo [sic] // En: Venezuela Libre: Colección de piezas de baile venezolanas.— [s.l.] A. M. Sucre [s.f.].—Para piano.— Solo se conserva la portada y la primera página (Colección AAV).

 

 

 

Notas al pie   [ + ]

1. Archivo de Indias, «Relato del intendente de Exercito y Real Hacienda al Supremo Ministro de Hacienda».
2. Esta letra fue publicada en el periódico El Federalista, Caracas, el 18 de abril de 1868 y también en la edición de 1874, encartada en el semanario El Americano del que haremos referencias más adelante.
3. Existe un manuscrito de dicha obra en el Fondo de la Escuela de Música José Ángel Lamas, resguardado en la Biblioteca Nacional de Venezuela en cuya portada se lee: «Gloria Americanos:  La canción de la instalación del Primer Congreso de Venezuela. En 1828 recordada por Isaza y compuesta por Juan José Landaeta en 1811». Un fragmento de esta obra fue utilizado por Juan Bautista Plaza para compararla con el «Gloria al bravo pueblo« hallando coincidencias melódicas.
4. Al respecto dice: «a la marcha se siguió nuestra Marsellesa, es decir, Gloria al Bravo Pueblo… ».
5. Para más datos biográficos acerca de este músico venezolano ver el estudio sobre su vida y catálogo de obras reaizado por los investigadores Roberto Ojeda y Montserrat Capelán en Motetes, tonos y canciones de Atanacio Bello Montero. Caracas: Funves, 2013.
6. El texto original del Himno de Chile reza: «Dulce Patria recibe los votos, con que Chile en tus aras juró, que o la tumba será de los libres o el asilo contra la opresión», mientras que en el manuscrito del «Gloria al bravo pueblo» el texto reza: «Dulce Patria recibe los votos, con que América toda juró, que o la tumba será de los libres o el asilo contra la opresión».
7. Es importante resaltar que la adquisición de este importante fondo documental se realiza a través de la compra a la familia Montero siendo director de la Biblioteca Nacional Enrique Planchart. El mismo Planchart solicita la cooperación de Juan Bautista Plaza para la elaboración de su inventario. Plaza realiza esta labor con la asistencia del joven estudiante y becario Antonio Estévez, quien posteriormente se convertiría en uno de los más sólidos representantes de la llamada Escuela de Santa Capilla, generación de compositores formados bajo la guía de Vicente Emilio Sojo. Durante el levantamiento de dicho inventario se tropieza Plaza por primera vez con este manuscrito del «Gloria al bravo pueblo».
8. Se sabe de la publicación, dos años antes, de una edición a cargo del músico Román Isaza, gracias a un anuncio en el periódico El Comercio de Puerto Cabello del 4 de septiembre de 1868. De esa edición parece no haber sobrevivido un ejemplar hasta nuestros días. De acuerdo con el aviso de prensa, esta edición identifica al «Gloria al bravo pueblo» como «Himno venezolano».
9. De este arreglo sobreviven dos juegos, uno resguardado en la Biblioteca Nacional de Venezuela y otro en manos del señor Gustavo Enrique Linares González. Respecto a este último debemos señalar que el 22 de abril de 1996, el señor Linares González, ex músico militar de la Fuerza Armada, declaró en el diario El Impulso, de Barquisimeto, haber descubierto en 1995, en unos baúles pertenecientes a su padre, el músico militar retirado Luis Gerardo Linares González, unos manuscritos del arreglo para banda realizado por José Ángel Montero del «Gloria al bravo pueblo», los cuales llegaron a su posesión como compensación salarial de manos del maestro Federico Williams Hollington, con quien cursara estudios, entre 1940 y 1947, en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas (Williams habría sido director de la Banda del Estado Zulia). Dicho manuscrito coincide con el resguardado en la Biblioteca Nacional proveniente de la compra a la familia Montero. Ambos juegos son idénticos con la única diferencia de que en la parte de clarinete del ejemplar que posee Linares aparece Juan José Landaeta como autor de la canción, mientras que en el juego de la BN se indica: «Marcha por J. A. Montero».
10. El 25 de septiembre 1872, el periódico La Opinión Nacional, de Caracas, anuncia para la venta «…un álbum de piezas de baile bellamente litografiado y adornado con lindos dibujos por los mejores artistas de Hamburgo […] Además de 23 piezas de baile, obsequiamos a nuestros favorecedores con el himno nacional Gloria al Bravo Pueblo arreglado por primera vez para piano». Y más abajo en el mismo aviso: «Gloria al Bravo Pueblo! Canto Nacional de Venezuela arreglado para piano y adornado con las armas de Venezuela». El anunciante era Alfred Rothe, editor de innumerables obras musicales de la segunda mitad del siglo XIX. El ejemplar en cuestión fue localizado en 2003 bajo la cota Jal 1903 de la Colección de la Escuela de Música José Ángel Lamas, la cual está resguardada en la actualidad en la División de Sonido y Cine de la Biblioteca Nacional. En su portada se lee: «Composición de Juan Landaeta» y, además, «Arreglada para piano por José Ángel Montero». Nótese que ya para esta época se le considera Himno Nacional.
11. Venia al menos implícita en el hecho de que la nota fue publicada en La Opinión Nacional, representante de la prensa oficialista de la época. Sorprende la contundencia con la que se expresa que «La música, como nadie lo ignora en este país, es obra de nuestro fecundo compositor Lino Gallardo…».
12. El documento nº 77, p. 236, del Ministerio de Guerra y Marina de fecha 20 de junio de 1881, incluye una orden de pago bajo el número 654, «…a favor del ciudadano Juan Remsted, litógrafo de esta ciudad, por el importe de quinientas piezas de música del Himno Nacional Gloria al Bravo Pueblo». Probablemente esta edición sea la encontrada en la colección de la Escuela de Música José Ángel Lamas resguardada en la Biblioteca Nacional bajo la cota Jal 1866. Esta contiene los siguientes datos en la portada: «Gloria al Bravo Pueblo: Himno Nacional de Venezuela: Decretado por el Ilustre Americano Gral. Guzmán Blanco: Edición Oficial. Lit. del Comercio, Caracas». No incluye datos del autor de la música ni de la letra. El arreglo está en la tonalidad de si bemol mayor.
13. En referencia a este arreglo, Plaza lo tachará de «caprichoso», agregando que «La armonización en general es de muy mal gusto» (1947: s.p.).
14. El Universal, Caracas, 16 de octubre de 1913.
15. La edición se identifica en la portada de la siguiente manera: «Venezuela Libre: Colección de piezas de baile venezolanas Editor A.M. Sucre». En su interior se encuentra: «Gloria al Bravo Pueblo: Himno venezolano por el maestro Lino Gallardo». Existe un ejemplar de esta edición en la Colección de Sonido y Cine de la Biblioteca Nacional de Venezuela del que solo se conserva una hoja con la última página del vals «Salutación» de Salvador Narciso Llamozas y, al dorso, la primera página del Himno Nacional. Dicho ejemplar fue donado por la familia de José Antonio Calcaño.
16. De hecho fue fundada por Juan Germán Roscio (1763-1821) en julio de 1810.
17. Francisco Herrera Luque lo expone magistralmente en su novela histórica Los cuatro reyes de la baraja. Dice de Guzmán Blanco: «En su casa, como herencia de su madre, vivía una anciana octogenaria, llamada Matea, quien, por haber sido esclava de María Antonia Bolívar, sentía un amor maternal por Bolívar, a quien vio por primera vez en el año 13, en que entró triunfante a Caracas, proclamándosele Libertador. La esclava tenía diez años para ese entonces y Bolívar, en un arrebato emocional, la cargó en sus brazos y la zarandeó de lo lindo, para escándalo de la Negra Hipólita, su verdadera aya, su madre Hipólita como la llamaba, quien le gritaba que la dejara quieta porque blanco no carga negro. Guzmán tomó la decisión: Matea sería oficialmente la cargadora de Bolívar. Como Ana Teresa le echara en cara el dislate, además de ser una injusticia para con la abnegada Hipólita, se limitó a responder:                —¿Quién le va a dar importancia a esas tonterías? Matea lo mismo puede tener ochenta que ciento veinte años, que son los que necesita para ser el aya del Libertador. ¿Quién me lo va a discutir? Dime, ¿quién? Además que será una nota de buen gusto para los invitados que habrán de venir del exterior» (Herrera Luque, 1991: 214).
18. Agregamos a esta aseveración otro dato importante. En 1876, José Ángel Montero redacta un proyecto dirigido a Antonio Guzmán Blanco para la creación del Instituto Musical Venezolano (el manuscrito de dicho proyecto se encuentra en la Colección de Sonido y Cine de la Biblioteca Nacional de Venezuela). En uno de sus apartados, Montero recomienda «…nombrar una comisión para redactar la historia de la música en Venezuela desde la conquista hasta la administración del Ilustre Americano, para lo cual tengo ya numerosos datos y continúo haciéndome de Agentes en todos los Estados de la Unión, con el mismo objeto» (Montero, 1876: s.p.; cursivas nuestras). De aquí podemos elucubrar que se consideraba una autoridad en esta materia otorgándole mayor solidez a nuestro argumento.
19. Más antigua parece ser la canción de ronda «Doñana» que se conoce en el Caribe y Centroamérica con distintas músicas (y variantes en el nombre como «La Marisola», «Doña Blanca», etc.) y cuya versión más antigua parece ser «Doña Berenguela», a la que algunos autores como José Amador de los Ríos (1865) sitúan en España en el siglo XVI. En Venezuela se canta, en una de sus variantes, utilizando la melodía del estribillo del Himno Nacional.
20. Al menos con el Salve Regina que tiene similitudes con una parte de la estrofa. Ya que la comparación que hace con Gloria americanos es a partir de la música del estribillo y este, como acabamos de mencionar, tendría su origen en un canto popular. Sin embargo, no resulta descabellado pensar que Landaeta pudo haber citado esta canción en el Gloria americanos para así vincular ambas obras.

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