ISSN: 2542-3134 | Depósito legal: DC2017000086
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Editorial

La Revista Musical de Venezuela (RMV) llega a su número 52 celebrando la memoria de otro GRANDE, cuya presencia en este medio resultaba obligada, habida cuenta de su reciente desaparición física: el maestro Inocente Carreño (1919-2016).

Como los homenajeados en nuestras dos entregas anteriores (Antonio Estévez y Modesta Bor), perteneció a la primera generación de esos notables discípulos del Maestro por antonomasia: Vicente Emilio Sojo (1887-1974). Nativo como Modesta de la isla de Margarita (estado Nueva Esparta), la obra musical del maestro Carreño, pese a haberse paseado por múltiples estilos compositivos a lo largo de su carrera, es recordada principalmente por ese toque «margariteño» que supo imponer en algunas de sus creaciones. Sin duda, tal impresión le debe mucho a su glosa sinfónica Margariteña (1954), en la que supo sintetizar magistralmente –como lo hiciera en su momento el maestro Estévez en su Cantata criolla con respecto al joropo– los aires propios de su tierra natal.

No se trata este juicio generalizado de mero cliché: en poco más de diez minutos encontramos en dicha obra –sin duda la más difundida y ejecutada del maestro Carreño– algunos géneros y canciones emblemáticas de la isla. En efecto, Carreño tomó como material inspirador y en orden de importancia: la malagueña Margarita es una lágrima (cuyas glosas o variaciones ocupan casi la totalidad de la obra), Canto de pilón, Canto de velorio y Canto para cazar tigüe-tigües; este último, canción de ronda infantil, ya casi extinta en Margarita, y cuyos aspectos rítmicos y armónicos se corresponden con el antiguo Canarios barroco español.

No obstante lo notable de ese logro (reprocesar para orquesta sinfónica los géneros tradicionales margariteños), resulta credencial insuficiente para otorgarle inmortal memoria al oriundo de Porlamar. La vastedad y calidad de su obra, aún por clasificar y sistematizar en su inmensa totalidad, no podría solo explicarse por la longevidad de su existencia física. La vida del maestro Carreño, que fue tan larga y amplia como el Mar Caribe de donde emerge la ínsula en la que nació, fue una vida de trabajo, constancia y disciplina; elementos sin los cuales un opus tan refinado y prolífico como el que nos legó jamás podría haberse logrado. Hombre de rutinas inquebrantables, acostumbraba despertarse muy temprano, aún de madrugada, rezar –era fiel devoto de la virgen del Valle–, ejercitarse, desayunar y dedicar horas y horas a su trabajo principal: la composición. Ello lo hacía sentado al piano –sobre el que se apilaban innumerables partituras y libros–, junto a la atenta mirada, a su izquierda y enmarcada en la pared, de la fotografía de la maestra Teresa Carreño (1853-1917).

Al acaecer la muerte del maestro Carreño, nuestro querido maestro y amigo, el guitarrista y escritor Alejandro Bruzual –su biógrafo–, nos expresó, vía correo electrónico:

Realmente, lo siento. Por haber sido una vida tan llena de trabajo y obra, tan llena de música y amor a la música, como que nos acostumbramos a pensar que no se iría, que al menos compartiríamos con él su centenario. Su sola presencia era una lección de alegría, que se suspende. Ojalá pudiéramos hacer algo en conjunto para enaltecerlo una vez más, ahora que empieza su ausencia.

Queremos hacer nuestro ese deseo, desde este humilde espacio que nos ocupa, rindiéndole respetos con esta edición de la RMV, a quien en vida terrena ganó méritos para lograr la eternidad artística a la que muchos aspiran, pero pocos alcanzan.

No obstante, como ya se ha venido imponiendo en nuestra política editorial, el presente número contiene un variopinto abanico de temáticas para nuestros lectores.

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Nuestra sección Artículos la abre el trabajo de Antonio Giménez Fréitez, de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), donde nos habla acerca de la tendencia de usar nuevas tecnologías en la música combinada con instrumentos tradicionales. En tal sentido, esboza con ejemplos algunas ideas para su abordaje teórico y notacional. Su trabajo se titula «Más allá de lo acústico y lo electrónico: en búsqueda de la música mixta».

El texto de Luis Ernesto Gómez, de la Universidad Simón Bolívar (USB), abarca un tema que, aunque obvio, es poco tratado en las disertaciones académicas: la mutua colaboración que debe existir entre el compositor de una obra y su(s) intérpretes(s); tanto más en una época como la nuestra donde, a diferencia de las anteriores, es poco usual que el compositor sea el intérprete de la música que concibe. Así, el escrito de su autoría lleva el sugerente título de «Afianzando la colaboración intérprete-compositor para crear repertorio: una relación sinérgica».

A continuación, en el artículo intitulado «Venezuela 4, Grupo Raíces y El Cuarteto, piezas fundamentales del cambio estético de la música instrumental de raíz tradicional venezolana a partir de los años 70», Jashmid Miguel Porras, de la Universidad de los Andes (ULA), elabora una sinopsis de estas tres agrupaciones musicales; ensambles (cuyos integrantes eran en su mayoría de formación académica), conjugaron virtuosismo instrumental con el rescate de algunas de nuestras manifestaciones musicales tradicionales más representativas.

Reseñas, otra de las secciones fijas de la RMV está compuesta, en este número, por dos notas críticas. La primera es la que el autor de estas líneas hiciera de la biografía del homenajeado en esta entrega, y que lleva por nombre Inocente Carreño. Ser de vida y creación, escrita por un siempre impecable Alejandro Bruzual, quien ha hecho costumbre algo inusual: la brillantez de su pluma. Su inclusión en nuestra revista, dada la reciente publicación de este trabajo, poco antes del fallecimiento del maestro, no solo era algo necesario, sino impostergable.

La segunda reseña que completa la sección fue elaborada por el investigador y consecuente colaborador de esta redacción, Vince de Benedittis, del concierto efectuado en el Auditorio de la Facultad de Humanidades y Educación (FHE) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la tarde del viernes 23 de septiembre de 2016. Los protagonistas: los integrantes del dúo TeclayVihuela, conformado por quien esto escribe y la pianista Geraldine Henríquez Bilbao. En dicha oportunidad, estuvieron acompañados por nuestros estudiantes de la Maestría de Musicología Latinoamericana de la misma facultad. El encabezamiento de la reseña resume la esencia de su contenido: «El dúo TeclayVihuela: Intérpretes de la tonalidad neoespartana». El mismo nos pareció adecuado, en más de un sentido, incorporarlo a un número de la RMV dedicado a enaltecer la vida y obra de Inocente Carreño, neoespartano ejemplar.

El Dosier lo componen dos entrevistas, enmarcadas en la temática central del Nº 52. La primera de dichas conversaciones fue la sostenida por esta redacción con Cayetano Carreño, hijo mayor del Maestro. Seguros estamos que nuestros lectores degustarán, con verdadero placer, las interioridades familiares de décadas compartidas de espacio vital e integrador. La segunda entrevista fue realizada al maestro y compositor Federico Ruiz, figura destacada de nuestra escena musical contemporánea y con quien el maestro Carreño mantuvo una relación de sincera y fructífera amistad por muchos años.

Completa el número 52, como es habitual, la sección Misceláneas. Pero en esta oportunidad –dada la extensión y calidad de su contenido– no estará constituida por las noticias de la actualidad musical venezolana, sino por la entrevista que realizara Jean Carlos Beltrán, tesista de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), al maestro y compositor venezolano-español Francisco Rodrigo (n. 1938). La lectura de este documento, escrito en primera persona, constituye para nosotros un ejercicio obligado que agrega una visión importante, sin duda, a la cabal comprensión de un período crucial de la historia de la música de tradición académica en Venezuela. Y esto a través de las vivencias de un testigo de excepción, quien fuese en su momento discípulo aventajado de los maestros Vicente Emilio Sojo y Evencio Castellanos (1915-1984).

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Refiriéndose a las muy diversas formas en las que podía encordarse una guitarra, en el año 1674 el maestro español Gaspar Sanz (1640-1710) escribía: «En el encordar hay variedad, porque en Roma […] sólo encuerdan la guitarra con cuerdas delgadas […] En España es al contrario […] Estos dos modos de encordar son buenos, pero para diversos efectos». Esperamos haber cumplido, fehacientemente, con el apotegma del maestro aragonés en esta entrega; tanto por la calidad de su heterogéneo contenido, como por los «diversos efectos» de lo que aquí simplemente hacemos sucinto resumen.

 

Oscar Battaglini Suniaga

Coordinador Editorial de la Revista Musical de Venezuela

 

Oscar Battaglini Suniaga


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