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Diálogos cruzados: influencias y vivencias de músicos venezolanos formados en la Rusia soviética

Belén Ojeda
María Elena Vargas
Gerardo Gerulewicz

Contextos y dialogantes

La sala Estudio Taller del Instituto de las Artes de la Imagen y el Espacio (Iartes) fue el escenario de los conversatorios organizados por la Fundación Compañía Nacional de Música a propósito de la conmemoración del Centenario de la Revolución de Octubre (1917-2017). El jueves 26 de octubre el diálogo en torno a La Influencia de la Música Soviética en los Compositores Venezolanos estuvo a cargo del compositor venezolano Gerardo Gerulewicz[1]Licenciado en Dirección Orquestal por la Universidad Nacional Experimental de las Artes. Maestro Compositor y Doctor egresado del Conservatorio Chaikovski. Profesor de la Escuela de Artes en la Universidad Central de Venezuela y director de la Orquesta Universitaria de esa casa de estudios. Docente de la Cátedra de Composición de la Escuela Nacional de Música José Ángel Lamas, del Conservatorio de Música Simón Bolívar y de la Unearte. Como compositor ha obtenido premios en Venezuela, Rusia, Estados Unidos y Alemania entre 1996 y 2017. Su catálogo de obras comprende música sinfónica, de cámara, vocal, conciertos instrumentales y obras para piano.. Una semana después, el viernes 3 de noviembre, las maestras Belén Ojeda[3]Músico, docente, poeta y traductora. Magíster en Artes, mención Summa cum Laude, por el Conservatorio Chaikovski, en Dirección Coral. Imparte clases en la Universidad Nacional Experimental de las Artes. Ha sido directora de los Madrigalistas de Aragua y el Coro del Instituto Universitario de Estudios Musicales (Iudem), entre otros. Con Graffiti y otros textos ganó la Bienal Literaria Francisco Lazo Martí, mención Poesía. Sus traducciones de poetas rusos están publicadas en varios libros. Ha sido coordinadora del Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). En 2012 participó en el VII Coloquio de Musicología de La Habana. y María Elena Vargas[2]Cantante lírico egresada del Conservatorio Chaikovski de Moscú con Maestría en Canto Solista, Ópera y profesora de Canto. Desde 1990 se dedica a la docencia del canto. En 2002 fue fundadora y directora de la Coral del Instituto Nacional de la Mujer. Entre 2003 y 2006 creó la primera Cátedra en Latinoamérica de Canto Lírico Solista Infantil, San Cristóbal, estado Táchira. En 2013 se desempeñó como coordinadora musical del Teatro Teresa Carreño y creó, junto con la maestra Xiomara Mistage, el proyecto Movimiento Popular de Arte Lírico Nacional. Actualmente continúa su labor docente. intercambiaron sus experiencias, conocimientos y saberes acerca de los Músicos Venezolanos en Rusia. Estos encuentros permitieron acercar al público presente a diferentes visiones y vivencias relativas al aprendizaje y la composición musical vinculadas con la cultura rusa.

El diálogo cruzado que se establece en este Dosier se organiza a partir de cuatro aspectos que articulan las reflexiones compartidas tanto por el maestro Gerulewicz como por las maestras Ojeda y Vargas. Los ejes propuestos son los aspectos generales del proceso de formación en el Conservatorio Chaikovski, las anécdotas, el aire de familia que expresa la relación entre alumnos y maestros, los aspectos generales de la cultura y la música rusa y, finalmente, el legado recibido.

El lugar donde se desarrollaron las vivencias y aprendizajes compartidos en estos textos es el Conservatorio Chaikovski de Moscú, espacio de formación en el que tanto las maestras Belén y María Elena como el maestro Gerardo realizaron estudios. Se trata de una de las academias más importantes de la música a escala mundial; fue fundada en 1866 por Nikolái Rubinstein, momento en el que recibió el nombre de Instituto de Música de Moscú; contó desde su apertura, y hasta 1878, con el maestro Piotr Ilich Chaikovski como profesor de teoría y armonía; desde mediados del siglo XX, en 1940, cambia de denominación en honor al insigne maestro y compositor.

Es importante destacar que los aportes realizados por los tres maestros venezolanos, que dialogan sobre la experiencia de formación en Rusia y su influencia en el ámbito compositivo, se enmarcan en recorridos formativos diversos. La maestra Belén Ojeda, caraqueña, directora de coro, profesora, traductora y poeta, egresó con honores del Máster en Dirección Coral del Conservatorio Chaikovski de Moscú en 1987, donde estudió con Ludmila Yermakova. Es traductora directamente del ruso al español de los poetas Anna Ajmátova, Marina Tsvetáyeva, Ósip Mandelshtam y Boris Pasternak. Fue profesora del Instituto Universitario de Estudios Musicales (Iudem), actualmente Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte).

La maestra María Elena Vargas, por su parte, es cantante lírico con Maestría en Canto Solista por el Conservatorio Chaikovski de Moscú, culminada en 1989, año en el que obtuvo el primer lugar a la Mejor Interpretación de la Música Rusa, reconocimiento otorgado por esa institución. Desde 1990 se dedica a la docencia musical en Venezuela, es cofundadora de la Cátedra de Estudios Avanzados de Canto y de la Coral del Instituto Nacional de la Mujer.

El maestro Gerardo Gerulewicz es compositor, pianista y director de orquesta. Egresó con honores del Conservatorio Chaikovski de Moscú en 1998, donde estudió Composición con Leonid Bobylev, Piano con Rimma A. Khananina y, posteriormente, realizó estudios de doctorado. Como compositor ha obtenido premios en Venezuela, Rusia, Estados Unidos y Alemania. Es profesor de la Universidad Central de Venezuela, la Escuela Nacional de Música José Ángel Lamas, el Conservatorio de Música Simón Bolívar y la Unearte.

La historia que tejen nuestros dialogantes incluye referencias a los destacados músicos venezolanos que han tenido el privilegio de formarse en instituciones musicales de la Unión Soviética y Rusia, comenzando con Modesta Bor, primera venezolana en ingresar al Conservatorio Chaikovski, y otros como Zoraida Ávila, Belén Ojeda, María Assunta Bucco, María Pía Bucco, José Manuel Román, María Elena Vargas, Ricardo Luque, Rafael Saavedra y Gerardo Gerulewicz. Siendo el referente académico que es, muchos jóvenes artistas de otros países buscaban la oportunidad de estudiar en el Conservatorio de Moscú. Desde los años 60 del siglo XX se establecieron convenios y becas que abrieron al mundo la posibilidad de que sus futuras generaciones se formasen bajo el régimen comunista de la Unión Soviética, el cual se esmeraba en ofrecer una educación de calidad y de mucha cualidad, enfocada en la construcción de una cultura humanista, proletaria y abierta al mundo entero. Las y los venezolanos con inclinaciones musicales accedieron a estas oportunidades.

La revolución de octubre ciertamente marca al mundo, dividiendo la historia en un antes y un después. Con el triunfo de los sóviets se pensó que ocurriría una gran apertura de la actividad creativa, de las artes en general y, en nuestro caso, de la música, pero, como dice el maestro Gerulewicz, «Ya tenemos suficiente distancia histórica para valorarla en su justa dimensión». Comencemos con la primera esfera del diálogo: La caracterización del aprendizaje.

 

Formación y vida en el Conservatorio Chaikovski

«Fue una formación marcada por una riquísima multiculturalidad. Estar en el conservatorio, en ese momento histórico, era estar en un país que era un continente.» Así recuerda la maestra Belén Ojeda su paso por la academia de Moscú, pero más profundo ha sido el tránsito por esos aprendizajes en la vida y obra de la también poeta. Los días transcurrían entre las clases del idioma en el propedéutico, «Seis horas diarias, seis días a la semana, de clases de ruso, era todo un privilegio», rememora. También alude a la convivencia con estudiantes de Suramérica, Vietnam, Europa Central y África, todo conformaba una riqueza única en la experiencia de formación integral que brindaba la academia.

La maestra y cantante María Elena Vargas se refiere al altísimo nivel de formación que se impartía, el cual provenía desde mucho antes de la revolución del 17, momento en el que se logró mantener el énfasis en el desarrollo individual de las capacidades artísticas de las y los estudiantes, por encima del proceso de masificación de las artes que se vivió bajo el Estado soviético.

En aquel espacio convergían los estudiantes en dormitorios dobles; tenían salones especiales para la práctica del canto, el piano y cualquier otro instrumento, académico o no, que acompañara a los alumnos en su proceso formativo. No falta poesía en las palabras de la maestra Ojeda al afirmar que «La residencia sonaba todo el día, era como una caja de música».

Uno de los aspectos que más destacaron nuestros maestros al hablar sobre el modelo formativo fue la flexibilidad y su carácter humanístico. Los maestros asumían a los estudiantes como sus hijos y hacían todo lo posible para hacerlos sentir cómodos más allá de encontrarse en un país lejano a su tierra, a su Caribe natal. Recuerdan, por ejemplo, cómo una profesora organizaba todos los diciembres una cena navideña para agasajar a sus alumnos que celebraban estas fechas según el calendario gregoriano, ya que las festividades de la religión ortodoxa se rigen hasta el presente por el calendario juliano. Un aspecto fundamental en la convivencia era la solidaridad que se respiraba en el ambiente. No solo en la universidad, se trataba más bien de una tradición, una cultura de la práctica solidaria. Esto permitía a las y los estudiantes extranjeros un desarrollo pleno de su individualidad creativa. Para la profesora Vargas era «Un darse al otro, un envolverse en el otro». Igualmente, las profesoras recuerdan a las y los rusos como gente con mucho temperamento, pero con una condición sumamente humana. Enseñaban como un padre, con amor, con severidad, pero desde la perspectiva eslava, a través de la emoción. Era una relación marcada por un profundo amor. También se destacaba por ser una formación integral del maestro con el alumno.

De igual manera, la educación tenía una sólida formación tradicional y conservadora. El nivel de exigencia se correspondía con el respeto que ha alcanzado la institución; de hecho, no todos los que aplicaban lograban ingresar. Sin embargo, abrían un abanico de posibilidades a aquellas personas que no alcanzaban a incorporarse en el conservatorio; ya que muchos de los y las aspirantes que provenían del extranjero llegaban becados por organizaciones y partidos políticos de izquierda, las autoridades rusas les ofrecían otras posibilidades de estudio dentro de la Unión Soviética. Dado que no todos y todas las estudiantes que ingresaban tenían el nivel adecuado para estudiar en la institución, primero entraban al equivalente a un college donde se cursaban cuatro años de educación especializada y, luego de aprobarlos, estudiaban en el conservatorio. De tal forma que, en el aspecto humano, los estudiantes encontraban flexibilidad y comprensión en un sistema muy bien estructurado.

Junto al nivel académico, nuestros dialogantes recuerdan un sistema educativo maravilloso. Existía un trabajo metódico para la formación estructurado en niveles, con programas de estudio obligatorios que se cumplían anualmente. La profesora Ojeda señala que eran grupos grandes divididos por subgrupos: directores de orquesta, directores de coros, cantantes, instrumentistas. Los programas, más allá de las exigencias teóricas, contenían un repertorio universal pero con un amplio contenido de música tradicional rusa, se veía en ellos mucha literatura rusa y era muy marcado el apego y respeto por las culturas propias del país anfitrión.

Por su parte, el maestro Gerulewicz recuerda que era «Casi obligado estudiar en Moscú y tocar piano. No se llamaba piano complementario sino piano general y el nivel de exigencia era sumamente alto». Además, no importaba la cátedra o carrera que se estudiara, a todas y todos se les exigía un alto nivel de rendimiento en la interpretación del piano.

En el caso de los estudiantes de coro, comenta la maestra Ojeda, se realizaban cuatro ensayos a la semana, para un promedio de diez horas semanales. El grupo era un coro conformado por unos ochenta directores corales que entraban a las aulas con el mismo deseo de aprender, dejando atrás el ego que pudiese interferir con el ejercicio de aprendizaje que tenían por delante. Se utilizaba un repertorio universal, siempre tomando en cuenta las posibilidades vocales de los estudiantes. Se hacían programas temáticos que podían ser de repertorio gregoriano, barroco o cualquier otro, se dividían los grupos y cada uno de estos se preparaba, bajo la dirección del estudiante responsable, para presentar la prueba. Esto transcurría dentro de un ambiente de gran respeto entre los y las estudiantes, apreciación en la que coinciden las profesoras Vargas y Ojeda al afirmar que no existía una competitividad malsana o un carrerismo[4]Las profesoras, al hablar de carrerismo, aluden a carreras o competiciones entre estudiantes para determinar quién es mejor que quién. .

Al contrario, se impartía una educación orientada hacia el respeto. Incluso, afirma la profesora Vargas, más que «un aniquilamiento, existió un apaciguamiento del ego».

 

Anécdotas, encuentros y desencuentros

La vida transcurría en medio del ámbito académico y las oportunidades de intercambio que ofrecía Rusia a las y los estudiantes provenientes del extranjero. La profesora Ojeda compartió varias anécdotas sobre su estadía en Rusia. La primera referida a un campamento con estudiantes vietnamitas y latinoamericanos en el Mar Negro, en el año 1980, durante los Juegos Olímpicos de Moscú. Estaba con ella una muchacha de nombre Hung, con la cual había estudiado el propedéutico en el conservatorio. «Entonces –relata–, yo le decía: “¡Hung, vamos para la playa!” “No.” “¡Hung, vamos a desayunar!…” Como a los tres días me dice: “Yo te quiero decir una cosa, yo no me llamo –entonces lo enfatizó– Hung”. Esta es loquita, pensé yo. Primero me dice que se llama Hung y ahora me dice… “Yo me llamo Huunnngg”.» Y es que existen diferentes tipos de entonaciones y acentuaciones en el idioma vietnamita, lo cual diferencia el significado de lo que se quiere decir. Continúa recordando la profesora: «Yo le decía todos los días Cochino, y ella se llamaba Flor de Loto, según la entonación y la duración. Yo no supe realmente si llegué a decirlo alguna vez bien, pero ella no se volvió a ofender». Un desencuentro que pudo disolverse con la posibilidad del contacto entre una y otra, a partir de la intencionalidad expresada por cada cual.

Otra experiencia que sorprendió a la profesora Ojeda se refiere a cómo los vietnamitas cuentan los días con las falanges de los dedos, en su sistema cada sección del dedo tiene un valor relativo. Podían ver un calendario en las palmas de sus manos. Es un sistema parecido al uso de las cuentas de un ábaco. Una oportunidad de encuentro y conocimiento con otra cultura.

Un tercer intercambio cultural relevante provino de Uzbekistán y su ritual del té. Este es servido exclusivamente por las mujeres, quienes, siempre distantes de los invitados, «Les servían muy poquito, porque eso les obliga a atenderlos más. Si te sirven la taza llena te están diciendo “váyase”». Una forma cultural distinta a la nuestra, donde servir abundantemente desde la primera vez sería lo cortés.

A propósito de su estancia en el país eslavo, ya en años posteriores, la profesora Belén Ojeda nos comenta que «Un día un ruso me pregunta: “¿Y cómo es que tú tienes ese diploma?”, refiriéndose al diploma para enseñar ruso a extranjeros. Le dije: “Bueno, es que en el conservatorio la cátedra de ruso era de lujo… la de idiomas se dividía en dos: los no rusos y la de ruso para extranjeros”». Con esos aprendizajes pudo obtener el diploma para enseñar el idioma. «Una de las profesoras era la esposa del traductor de Gabriel García Márquez al ruso. Yo tuve una profesora que hablaba inglés, muy buena, y la otra profesora, que era la jefa de la cátedra de ruso, había dedicado su vida a la enseñanza del ruso para extranjeros y fue la profesora de Modesta Bor.» Esta docente «Hacía una cena navideña y siempre se cantaba en esa cena». Ella siempre lamentó no haber grabado a Modesta Bor cuando la tuvo como alumna, ya que le fascinaba ver y oír a la venezolana tocando el cuatro. La profesora Belén le obsequió un casete con una grabación del grupo Arpegio, que fundara Modesta.

Para la profesora María Elena Vargas haber coincidido con personas de culturas tan diversas dejó en ella un gran bagaje de sabiduría y crecimiento como ser humano. Recuerda, por ejemplo, el peculiar modo en que los búlgaros mueven su cabeza para señalar una afirmación o una negación: «Es totalmente diferente al modo como lo hacemos nosotros, cuando ellos mueven la cabeza de arriba hacia abajo lo hacen en señal de negación, y cuando mueven la cabeza de un lado a otro están afirmando». Es decir, le dan un significado completamente opuesto al que le damos nosotros a esos movimientos.

La maestra Vargas también mencionó el cambio en la visión que tenía de Rusia antes de llegar a Moscú. La propaganda y las noticias que llegaban de ese país lo hacían ver como un país frio, seco, sumamente rígido y gris. Sin embargo, al llegar a la capital rusa se empezó a disolver el estigma de lo que significaba estar ahí: eran amables, emotivos y abiertos al intercambio. «Tuvimos la oportunidad de difundir nuestra música, recuerda la profesora Vargas, a los dos años teníamos formado un grupo llamado Cuarteto Rodrigo Riera que lo dirigía Rafael Saavedra que también estudiaba allá y es el padre de mi hija.» También conformaron el trío Tírame Algo, agrupación conformada por Zoraida Ávila, Belén Ojeda y María Elena Vargas, con la cual cantaron aguinaldos en las residencias del conservatorio.

Como una tercera anécdota, la profesora Vargas nos contó su situación en el conservatorio, ella tenía formación y experiencia como cantante, pero su edad era un punto de preocupación para sus maestros. Recuerda que estos decían: «Esta mujer tiene ya veintiséis años, canta, le hemos dado la oportunidad de tener casi un año de formación, qué vamos a hacer con ella». «Entonces, planificaron un año especial de college y me dijeron: “Le vamos a dar un año de formación intravenosa, si usted cumple con el programa propuesto entra en el Instituto Chaikovski, pero si no lo logra no le vamos a dar la oportunidad de estar un año más en el college”. Terminé logrando el segundo lugar en la Mejor Interpretación de Música Soviética en el Bachelor Musical en 1982», refiere la profesora Vargas.

 

Relación entre estudiantes y maestros: Una cuestión de linaje

La relación amorosa, paternal, que se daba entre maestros y estudiantes generaba una especie de linaje, de rastro, de legado entre unos y otros. «Los maestros –nos comenta Ojeda– consideraban a sus alumnos como sus hijos. Era común decir: “Yo pertenezco a la clase de…”, existía ese sentido de pertenencia, de descendencia.» De esta forma se puede dibujar una suerte de árbol genealógico de la academia rusa.

El maestro Gerulewicz también percibe este sentido de linaje en la formación recibida en el conservatorio. Recordaba, al momento de conversar con nosotros, el peso y valor que se la daba a la tradición en la educación recibida. Existe –para Gerulewicz– una especie de relación de familia entre los estudiantes y sus maestros. Esta relación de cercanía o legado no condena la obra, no condiciona la capacidad creadora del compositor, más bien la potencia al combinarla con los elementos propios, con la paleta propia de cada artista.

Las maestras Vargas y Ojeda refieren que esa vinculación estrecha y de «linaje» se desdibuja de cierta manera en Venezuela desde el momento en que no hay una continuidad, presencial, en la academia rusa. Se disuelven los vínculos, y nuestros estudiantes tal vez tengan la sensación de venir de un legado del que no son plenamente conscientes.

 

Cultura y música rusas

Dentro de las principales características de la música rusa, el maestro Gerulewicz destaca el carácter melódico, si bien la armonía rusa no se sale de los parámetros normales, la melodía es un factor determinante en las composiciones rusas, así como el uso del piano. La orquestación es también un rasgo que define a los compositores rusos. Otro elemento que destaca el compositor venezolano es el eclecticismo en la música rusa más moderna, lo que les ha permitido moverse en todos los lenguajes musicales, manteniendo siempre un gran respeto por la tradición: su arte es manifestación de lo que son como pueblo. La solidaridad es un valor clave en la cultura rusa. Son gente de afectos. Existe una gran similitud temperamental entre nosotros y los rusos. Un aspecto resaltado durante el conversatorio por el maestro Gerulewicz es la innegable influencia que ha tenido el gran compositor Dmitri Shostakóvich en toda la producción musical de Rusia, siendo considerado, sin mayores discusiones, el compositor más importante del período soviético.

Es conveniente recordar el escenario político y social de la Unión Soviética desde finales de la década de los 70 del siglo XX. Una vez superada la crisis de los misiles en Cuba, que colocó al mundo entero al borde de una guerra nuclear, se fue profundizando el agotamiento del modelo socialista aplicado en el Estado soviético. Este proceso derivó en la propuesta de transformación realizada por Mijaíl Gorbachov de la glásnost y la perestroika, que culminó con el fin de la era de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y abrió el camino a las relaciones de Rusia y de las demás naciones que habían conformado la URSS con el llamado Occidente. De este período recuerda la maestra Ojeda: «Yo estuve en el año 1999 y no tumbaron las estatuas de Marx ni de Lenin, no así con las de Stalin y la de Iván Serov, primer director de la KGB». Un hecho curioso, que nos relata la misma maestra, es el relacionado con aquella imagen que le dio la vuelta al mundo en la cual nos mostraban las grandes colas que se hacían en la capital rusa, Moscú, para poder ingresar al primer restaurante de la franquicia McDonald’s inaugurado en la antigua república soviética. Esa imagen contrastaba con lo ocurrido una vez que los ciudadanos rusos lograban entrar e ingerir aquellos alimentos que les resultaban tan nuevos como poco apetecibles.

Hoy existe una visión crítica acerca de lo que fue la URSS, se reconocen los atropellos que se cometieron bajo la cortina de hierro. Lamentablemente famosas son las purgas realizadas, en las que cientos de miles de personas fueron desaparecidas, ejecutadas, exiliadas y obligadas a realizar trabajos forzados en los gulags de Siberia. De estas acciones no escaparon poetas, bailarines, actores, novelistas, músicos, incluso el gran símbolo de la música de la era soviética, Shostakóvich, quien fue acusado de revisionista por defender, en un artículo publicado en la revista Pravda, a un escritor y gran amigo. Pero también es innegable, y así lo recuerdan nuestros maestros dialogantes, por un lado, la inmensa solidaridad del pueblo ruso para con los estudiantes extranjeros que, a juicio de la maestra y cantante María Elena Vargas, se basaba en una similitud temperamental entre los rusos y los latinoamericanos y, por otro, la disposición de permitir y facilitar el desarrollo pleno de las capacidades individuales de cada estudiante, con lo que se garantizaba el alto nivel de formación y capacidad técnica con el cual regresaban a sus países de origen.

 

Legado de una formación

Una vez de vuelta en Venezuela empieza otro proceso, la puesta en práctica de lo aprendido en la academia rusa, cruzado con el conocimiento y bagaje de este trópico caribeño repleto de sonoridad y colorido. En este punto retomamos las relaciones de linaje que se propician en el Conservatorio Chaikovski, porque consideramos relevante saber cómo operan las mismas en la composición e interpretación de los maestros venezolanos, tomando en cuenta la distancia y el tiempo que hoy están de por medio.

Si bien es cierto que en el conservatorio persiste la satisfacción de mantener el nivel de formación con las nuevas generaciones, para estos tres venezolanos que se formaron allá, ese linaje no los condena, los potencia. La relación filial creada y cuidada durante el período formativo no establece qué han de incluir o excluir en su paleta de creación, o de cuáles elementos compositivos o interpretativos echar mano. La profesora Ojeda lo define de la siguiente manera: «Quedan cosas marcadas, como pautas de una formación». Esa genealogía se valora y se aprecia, pero no constituyen restricciones o condicionamientos. Cuando esa tradición, tan marcada en la academia musical rusa, puede potenciar otras formas, otros lenguajes, otras estéticas, desata sin duda la actividad creadora. La profesora Vargas sentencia con una frase lapidaria esta discusión sobre el tema del linaje: «Soy venezolana y logro verla desde afuera».

También es cierto que el tema de la descendencia o el linaje no es algo exclusivo de la música rusa. Siempre existe una tradición en la que cada cual se inscribe, y cada tradición tiene sus grandes maestros que sirven como faros en medio del amplio océano de la capacidad creadora del individuo para orientarlo, mostrando las rutas transitadas que le permiten apropiarse del conocimiento previo y necesario antes de impulsarse por los caminos de la experimentación e innovación necesarias para mantenerse en el ámbito creativo. Gerulewicz, a propósito del caso venezolano, nos apuntaba que los maestros Inocente Carreño y Antonio Estévez hicieron cosas no solo gracias al maestro Vicente Emilio Sojo, sino incluso a pesar de él. Del mismo modo, decía el maestro acerca de nuestra Modesta Bor, que si bien ella estaba ya formada en la escuela nacionalista para el momento de su ingreso en el Conservatorio Chaikovski, su formación en la URSS le trae un aire distinto a esta escuela.

«Es importante reconocer el talento venezolano», indica la profesora Vargas, quien apuesta por los jóvenes que se vienen formando y desarrollando en las diferentes academias del país. Un poco tratando de contrastar las formas de relación de algunos procesos formativos recibidos en el Conservatorio de Moscú y los impartidos en Venezuela, tanto Ojeda como Vargas aluden a infortunados desencuentros vividos con otros colegas en las aulas, al ser testigos del poco respeto que algunos docentes muestran por los estudiantes, llegando incluso a descalificarlos en público. Esto, según recuerdan, no sucedía durante su estancia en Moscú, aun cuando se encontraran, entre estudiantes y maestros, muchos de los nombres y personalidades más importantes e influyentes de la música clásica contemporánea. La relevancia otorgada a las relaciones de reconocimiento mutuo entre estudiantes y profesores es un elemento a destacar en el legado de la escuela rusa.

Al ser consultadas acerca de cuán distintos son los programas de estudio del Conservatorio Chaikovski y los impartidos en Venezuela, ambas refieren que, además de las diferencias marcadas en los métodos de aprendizaje, hay distinciones en los niveles de exigencia y, sobre todo, en la disposición de acompañar el proceso de aprendizaje de las y los estudiantes por parte de los docentes. Ambas concluyeron que ellos –los maestros del Conservatorio de Moscú– nos recomendarían que en los programas se incluyan repertorios de música latinoamericana y abordar desde ahí el proceso de enseñanza. En cuanto a copiar tal o cual escuela, el compositor y docente Gerulewicz recordaba un viejo adagio que dice: «Siempre es mejor que lo que se haga se parezca a algo a que no se parezca a nada».

Para la maestra María Elena Vargas hay dos aspectos que considera de suma relevancia revisar en cuanto al proceso de formación en artes, específicamente en música, que se da en Venezuela a través de la Unearte. Reconoce como necesaria la formación integral e interdisciplinaria que se da en esta casa de estudios, pero resalta la importancia de mantener un equilibrio para que la especialización se haga con eficiencia. Debe haber, según la maestra, una especialización, ir hacia ese objetivo, por tanto ha de hacerse una revisión no de la calidad, sino de la cantidad de tiempo que emplea el estudiante para lograr los objetivos académicos/formativos. «Muchas veces el tiempo que se dedica al canto, por hablar de mi especialidad, es menos», precisa Vargas. En el caso de esta disciplina, los alumnos reciben una hora a la semana y eso es muy poco, si se considera que estos estudiantes buscan especializarse en la interpretación musical mediante el canto. Otro aspecto que señala la maestra de este modelo formativo integral es que se corre el riesgo de tener un artista que sabe un poco de cada cosa, sin tener una formación profunda y especializada en el área de estudio de su interés. Estas condiciones, para la visión de Vargas, ponen en riesgo el sentido de una formación especializada que garantice el adecuado adiestramiento y desarrollo de las capacidades artísticas de cada individuo.

Otro aspecto que puntualiza la maestra María Elena Vargas acerca del proceso educativo que se da en Venezuela es el referente a los niveles de exigencia para entrar en la universidad (Unearte). «Me parece –afirma Vargas– milagroso el esfuerzo de los estudiantes que logran pasar el trayecto inicial, para luego cubrir las exigencias de muchos profesores, exigencias que ameritan ser asimiladas con suficiente tiempo de experiencia teórica y práctica». Pide considerar unas «condiciones previas» que deben formarse antes de cursar la carrera, ya que hacerse profesional del arte requiere condiciones, conocimiento previo y dedicación. La consolidación de un artista pasa por la formación y el cultivo de una conciencia. Quienes logran culminar con éxito este camino deben ser merecedores de reconocimiento, ya que para la maestra, muchas veces en lugar de experimentarlo con amor, recorrer este camino deviene en una verdadera tortura o, aún peor, hay quienes no llegan a concluir la carrera y se retiran con una carga de frustración y un sentido de pérdida de tiempo. La maestra concluye su apreciación acerca del proceso formativo con una recomendación que es a la vez un llamado de atención para todos aquellos que, de una u otra forma, tienen responsabilidad sobre dicho proceso, al afirmar que «Es importante una sociedad donde la bandera de la INCLUSIÓN sea llevada por la educación, yo fui ejemplo de esa inclusión en el Conservatorio de Moscú y alcancé la meta sin sobrecargas, con un plan muy bien estructurado».

Gerulewicz destaca que en su rol docente es fundamental ese proceso de haber aprendido y haber olvidado; en ese tránsito queda ese sedimento que permite seguir adelante. Las experiencias tamizadas van dando paso a lo que finalmente se revela como una obra. Continuando con su práctica de docente, indica que a sus estudiantes les pide que sean solventes. «La carrera de compositor –continúa el maestro– consiste en construir tu propio lenguaje y tu propio rostro, para lo cual es necesario incentivar el desarrollo individual de las capacidades del estudiantado.» Impulsar dicho desarrollo es el fin que se propone desde su actividad profesoral. Hay también una idea central que desarrolló durante su permanencia en el Conversatorio de Moscú, y que de cierta manera encierra lo que comentábamos unos párrafos más arriba, hacer énfasis en la capacidad que deben tener las y los estudiantes para interpretar algún instrumento. Asevera el maestro Gerulewicz: «Todo aquel que se ha sentado a escuchar una obra con su partitura está también tomando una clase. La interpretación –continua– potencia al escritor». Luego de esta reflexión nos regala una frase digna de cualquier antología o compendio de estudios sobre la música: «Meterse en los zapatos del intérprete es ver la música por dentro».

Estos diálogos cruzados se nos presentan como hilos conductores para tejer una historia poco abordada dentro de los avatares de la música venezolana. Al ser consultada la profesora Belén Ojeda acerca de la importancia de convocarla para que conversara sobre su experiencia de formación en el Conservatorio Chaikovski de Moscú, en el marco de la conmemoración de los 100 años de la Revolución de Octubre, la maestra, un poco sorprendida ante la pregunta, nos indicó que era la primera vez que alguna institución o particular la invitaba para hablar sobre el tema, afirmación que suscribió también la profesora María Elena Vargas. Quizás sirvan estos diálogos como contribución a saldar una deuda con una historia riquísima, llena de anécdotas, de vivencias y, sobre todo, de protagonistas que le han brindado a la música venezolana y universal un aporte significativo. Quienes tuvimos la dicha de asistir agradecemos la posibilidad de valorar, en el juego entre la distancia y la cercanía, la influencia no solo de aquel hecho acontecido en 1917, sino también las relaciones que se han tejido en el devenir de la historia, convocándonos a disertar sobre la influencia que el tránsito por tan prestigiosa academia musical ha tenido en aquellos venezolanos y venezolanas que con mucho amor y orgullo recuerdan su paso por sus instalaciones.

Cerramos estas líneas con palabras del compositor Gerardo Gerulewicz, con una frase que dejamos como epitafio y ventana, como cierre e inicio de lo que somos y lo que nos queda por ser: «Tenemos la suerte de tener a las tradiciones y tener el camino abierto».

 

Cuáles son las experiencias que más atesoro de mi formación en Rusia

Queremos cerrar este diálogo cruzado con una breve enumeración de las experiencias que la maestra Belén Ojeda y el maestro Gerardo Gerulewicz atesoran con mayor entusiasmo de sus vivencias en Rusia. A continuación presentamos sus apreciaciones.

Para la maestra Belén Ojeda las experiencias que más atesora son:

  1.  Una sólida formación profesional y humana, la cual recibí de grandes maestros, quienes me la transmitieron de manera amorosa.
  2. La relación entrañable con mi maestra de Dirección Coral, Ludmila Yermakova, con quien tuve contacto permanente hasta 2oo8, año de su muerte.
  3. La gran riqueza y el altísimo nivel del ambiente cultural, artístico y musical.
  4. El conocimiento de la lengua rusa y su literatura, experiencia que me ha llevado a la traducción de poesía rusa.
  5. La capacidad rusa de expresar lo complejo y profundo con diafanidad y sencillez.
  6. La sinceridad de los rusos.

Por su parte, el maestro Gerardo Gerulewicz enumera las siguientes experiencias:

  1. Una etapa de inmersión total en el ambiente musical y artístico.
  2. El contacto con grandes personalidades del mundo musical que me enseñaron con mucha autoridad y, a la vez, con mucha generosidad y humildad.
  3. Recibí una formación académica muy sólida en disciplinas teóricas y musicales, pero la enseñanza más importante fue la capacidad de seguir aprendiendo y creando por mi propia cuenta. Es lo que sigo haciendo ya lejos de la academia, y lo que trato de inculcar a mis estudiantes.
  4. Amistades y experiencias que fueron más allá de lo estrictamente académico. Aprendizajes de VIDA.
  5. El idioma ruso. Dediqué un esfuerzo importante al estudio del idioma, más allá de los requerimientos formales del conservatorio. Eso me permitió participar más activamente en todos los aspectos de la vida en Rusia y leer, en idioma original, muchas grandes obras de la literatura rusa, Alexander Pushkin, León Tolstói, Fiódor Dostoyevski, Mijaíl Lérmontov, Mijaíl Bulgákov, Ilia Ilf y Yevgueni Petrov, Valeri Briúsov, Anna Ajmátova, Boris Pasternak, etc., y contemporáneos como Venedikt Erofeev o Mijaíl Bakunin. Muchos de esos libros, además de partituras musicales, los pude traer a Venezuela y los conservo con aprecio.

 

Notas al pie   [ + ]

1. Licenciado en Dirección Orquestal por la Universidad Nacional Experimental de las Artes. Maestro Compositor y Doctor egresado del Conservatorio Chaikovski. Profesor de la Escuela de Artes en la Universidad Central de Venezuela y director de la Orquesta Universitaria de esa casa de estudios. Docente de la Cátedra de Composición de la Escuela Nacional de Música José Ángel Lamas, del Conservatorio de Música Simón Bolívar y de la Unearte. Como compositor ha obtenido premios en Venezuela, Rusia, Estados Unidos y Alemania entre 1996 y 2017. Su catálogo de obras comprende música sinfónica, de cámara, vocal, conciertos instrumentales y obras para piano.
2. Cantante lírico egresada del Conservatorio Chaikovski de Moscú con Maestría en Canto Solista, Ópera y profesora de Canto. Desde 1990 se dedica a la docencia del canto. En 2002 fue fundadora y directora de la Coral del Instituto Nacional de la Mujer. Entre 2003 y 2006 creó la primera Cátedra en Latinoamérica de Canto Lírico Solista Infantil, San Cristóbal, estado Táchira. En 2013 se desempeñó como coordinadora musical del Teatro Teresa Carreño y creó, junto con la maestra Xiomara Mistage, el proyecto Movimiento Popular de Arte Lírico Nacional. Actualmente continúa su labor docente.
3. Músico, docente, poeta y traductora. Magíster en Artes, mención Summa cum Laude, por el Conservatorio Chaikovski, en Dirección Coral. Imparte clases en la Universidad Nacional Experimental de las Artes. Ha sido directora de los Madrigalistas de Aragua y el Coro del Instituto Universitario de Estudios Musicales (Iudem), entre otros. Con Graffiti y otros textos ganó la Bienal Literaria Francisco Lazo Martí, mención Poesía. Sus traducciones de poetas rusos están publicadas en varios libros. Ha sido coordinadora del Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). En 2012 participó en el VII Coloquio de Musicología de La Habana.
4. Las profesoras, al hablar de carrerismo, aluden a carreras o competiciones entre estudiantes para determinar quién es mejor que quién.

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